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Friday, June 11, 2004

Prologo
“Pensamientos”

Mar del Plata, (Buenos Aires)
En algún lugar de los acantilados
Lunes, 12.00 hs

Wesley estaba parado al borde de un acantilado observando fijamente el mar, negro e infinito. Resaltaba al ser la única persona en el lugar, claro que también su vestimenta era atípica para ese lugar y momento. Vestía una camisa blanca y una corbata bordo cubiertas por un suéter marrón y un saco con pantalón de vestir de idéntico color y unos zapatos negros. Estar en ese lugar, a esa hora y en esa situación no parecía perturbarlo, ya que se encontraba en una especie de trance. Súbitamente, tomo conciencia de su situa-ción y observó su mano; estaba sosteniendo una katana; su katana. De algún modo sabía que le pertenecía, ya que recordaba que era así de liviana. Por alguna razón, desvió su aten-ción de la espada y comenzó a cavilar; ¿por qué estaba ahí?, ¿por qué razón tenía en ese momento una katana?. Esa espada se encontraba en un país distante al propio, ¿cómo sabía eso él?, era un misterio. ¿Estaba él ahí con un propósito definido?, no tenía ninguna de las respuestas que buscaba, su mente se encontraba en blanco. En realidad no se encontraba totalmente en blanco, pero eso él no lo sabía, todavía. Se sentía desorientado pero no se desesperó al encontrarse en esa situación, simplemente la aceptó. Se atemorizó al darse cuenta cuan rápido aceptaba no saber nada de él, simplemente no era normal.
Desenvainó su espada y algo en particular le llamó la atención. No fue el hecho de que la espada fuese una reliquia, obviamente todas las espadas japonesas eran obras de arte por su antigüedad, sino que ésta tenía algo especial; nunca había tenido filo. Parecía una espada incapaz de matar. Al verla a simple vista, no era más que un pedazo de metal curvo. “¿Por qué cargo un arma que no cumple su función?”, pensó. Su meditación fue interrumpida. Unos mal vivientes se acercaron a él; eran cuatro en total. Uno de ellos se dirigió a él:

- ¿Tene´ cigarrillo fiera? –, preguntó.

Las palabras brotaron como un suspiro de la boca del espadachín:

- Puedo ver claramente sus intenciones –, dijo fríamente. –Quieren que baje la guar-dia para poder asaltarme. –
- Hijo de p...., ahora vas a ver... –

Diciendo esto, los criminales se abalanzaron sobre Wesley. El desenvaino que realizó fue tan rápido que el ojo común no hubiese podido verlo. Al hacerlo su personalidad, la cual él creía tranquila, se transformó de repente. Uno de los atacantes recibió un golpe en el pecho mientras que los otros recibían una serie sucesiva de golpes en todo el cuerpo. Envainó y un segundo después los agresores cayeron inconscientes al piso.

- Mhh...basuras. –, dijo Wesley en voz alta.

Al decir esto, se sintió mal de repente y se arrepintió. Sabía que él no era así, simplemente lo sabía, pero por alguna razón la adrenalina de ese pequeño encuentro había cambiado su forma de ser por un instante. Le llevó un par de minutos recuperarse, no porque estuviese cansado, sino por el hecho de no saber que le había ocurrido a su persona en aquel momen-to. “No me puedo quedar en este lugar, tengo que averiguar quien soy, y por que tengo esta fuerza”, se dijo a sí mismo. Era tiempo de comenzar un viaje, el viaje de su vida. Debía averiguar quien era, por que estaba ahí y cual era su destino.

- “Debo buscar información.” –, dijo pensando en voz alta.

Capitulo 1
“Habilidades innatas”

[Bar Cacho]

Wesley observó el cartel y se dispuso a entrar al establecimiento. Había estado caminado por un par de horas hasta que llegó a este bar de las afueras de la ciudad. Entró y, al hacer-lo, todos los presentes se voltearon a verlo y así permanecieron ya que su vestimenta y su espada resaltaban terriblemente en aquel lugar. Los murmullos se acrecentaban. Al cabo de un minuto, las personas lo ignoraron y siguieron bebiendo. De repente, al acercarse a la barra, Wesley se encontró delante de un espejo. Parecía que era la primera vez que se veía en uno, o al menos eso sentía. Advirtió que usaba anteojos y reparó también en el hecho de que no era oriental. “Lo suponía, por eso entiendo a estas personas, soy oriundo de aquí” se dijo a sí mismo mientras seguía observándose. Parecía estar entre los 25 y 30 años. Su pei-nado consistía, básicamente, en una raya al medio que dividía dos mechones de pelo negro que colgaban a los costados de su cabeza. La giró y distinguió una colita, no excesivamen-te larga ni tampoco muy corta. Seguía sin recordar nada. Era como si la persona que lo mi-raba desde el espejo fuese un total desconocido. Ya se estaba cansando de esa situación y retiró la mirada del espejo. Escuchó las voces:

- Miren, tiene una espada.–, escuchó de fondo. Los murmullos continuaban.

Estaba perdiendo el tiempo. Decidió encarar la situación de manera diferente. Muchas co-sas resaltaban de él, pero lo que más lo hacía era su espada. Así que, sin nada que perder, preguntó a la multitud:

- ¿Alguien sabe de espadas japonesas? –, dijo alzando la voz.

Risas. Nadie contesto. Habiendo perdido el tiempo, se dirigió a la salida cuando un indivi-duo se lo interceptó. Era un joven de unos 25 años, bastante bien parecido si lo compará-bamos con la gente del lugar. [ Tenía puesto una remera negra de mangas largas con una chaqueta color crema y un pantalón.....] “ a diagramar”.

- No se de espadas, pero conozco a alguien que si sabe... –, dijo.
- Perfecto, ¿me lo presentará? –, al mismo tiempo que decía esto, Wesley volvió a mirar al espejo. Lo que más le impresionó fueron sus ojos. Rebozaban tranquilidad. Una tranquilidad que recordó haber perdido en la pelea anterior.
- Si, como no. Ah, eso si, me vas a tener que dar algo a cambio. Estoy formando una banda de hombres poderosos, y al verte entrar acá con una espada despertó mi cu-riosidad, ¿vos por casualidad sos fuerte? –
- Si. –. Dijo esto sin dudarlo ni siquiera un segundo, no por que no fuese modesto, si-no por que muy dentro de sí mismo sabía que era fuerte, más fuerte que muchos.

El joven lanzó un puñetazo sin ninguna advertencia. Wesley desenvainó y sus movimientos cambiaron automáticamente. Golpeó la mano de su contrincante y, si la espada hubiese tenido filo, la hubiera cortado. El golpe no le rompió ningún hueso pero fue lo suficiente-mente fuerte como para desviar su trayectoria. Antes de que el joven pudiese reaccionar, la punta de la espada de Wesley se encontraba en el cuello de su adversario. Los presentes observaron el suceso estupefactos.

- Sos bueno. –, dijo el joven con una sonrisa mientras quitaba la espada de su cuello. – ¿Queres formar parte de la banda?, no me malinterpretes, no seremos una pandi-lla, quiero formar esta banda para ayudar a las personas cuando están en problemas. –
- Veré. –, dijo. Todavía se sentía raro por esa pequeña demostración, al igual que su-cedió con aquellos asaltantes, solo que en menor medida.
- Marcelo, así me llamo, ¿y vos? –
- Wesley. –
- Me suena Yankee, ¿ese es tu nombre o tu apellido? –
- Yo... –, dijo Wesley desconcertado; no sabía la respuesta a esa pregunta.
- Bueno, no importa, gusto en conocerte. ¿Vamos...? –

Al salir del bar un viento frió inundó la atmósfera de lo noche y, como ayudados por la providencia, encontraron un taxi libre. Pasaron unos minutos y ninguno de los dos decía palabra. Al rato, Wesley habló:

- Marcelo, ¿no te molesta que te diga tutee no?, decime algo, vos que estuviste bus-cando personas fuertes para formar aquella banda, te topaste con personas verdade-ramente fuertes? –
- ¿Por qué me preguntas eso?, es obvio de que si hubiera encontrado a alguien muy fuerte, no serías el primero en mi banda. –
- Tengo esta sensación, la sensación de ser invencible. Es muy raro, es como si con-fiase plenamente en mis capacidades. –, dijo mientras miraba una de sus manos.
- Mhh..., a decir verdad sos el primero que me derrota, ¿quién te entrenó?, ¿Un japo-nés?, por la espada de seguro te especializaste en combate con armas blancas. –
- No se, la verdad es que no tengo ningún recuerdo... –
- ¿Me estas jodiendo?, si no me queres contar esta bien... –
- No es eso. Creo que tengo una especie de amnesia, por que no me acuerdo nada de mi, excepto mi nombre... –
- “Este guacho me mete la excusa de la amnesia” –, pensó Marcelo al tiempo que al-zaba la vista hacia arriba como diciendo “no te creo nada”.
- ¿Qué?, ¿no me crees? –
- Mira, si no me queres decir, no me digas, pero no me versees eh. –
- No te estoy verseando –, dijo Welsey, sorprendiéndose al conocer ese término.
- Bueh, deja. Upa, aguanta, ¿tenés plata? –
- No, no tengo. Perdón, pero no tengo ni plata para pagar este taxi, lo único que capaz te puedo servir es para pelear. Al parecer no tengo otra función. –
- Interesante. Te voy a poner una pruebita para formar parte de la banda. –
- La banda sos vos solo... –
- Callate, !chofer!, llevanos a Callao y Mendoza. –

El viaje tardó solo 20 minutos y la zona en la que el taxi los dejó daba la apariencia de ser bastante peligrosa. Caminaron una cuadra y se encontraron delante de un pequeño bar.

- ¿Donde estamos? –
- Este lugar es una casa de apuestas. Acá me estafaron una vez. Traté de pelear con ellos y como consecuencia casi pierdo la vida. –
- Por alguna razón creo tener la habilidad de medir la fuerza de las personas, y vos sos lo suficientemente fuerte para ganarle a cualquier persona normal. ¿Cómo puede ser que no les pudieses ganar? –
- El problema es que yo no puedo ganarle a las armas, ¿vos si? –
- Podría probar... –

Al tocar la puerta, una persona que tenía apariencia de maleante la abrió. Reconoció a Mar-celo, él cual le sonrió con ironía. Al ver esto, el inusual portero cruzó algunas palabras in-audibles desde donde se encontraban Marcelo y Wesley con otras personas dentro del bar. Se escucharon risas y la puerta se abrió. Seis personas salieron al encuentro. A diferencia del sujeto anterior, estas personas vestían de traje y anteojos negros. Uno sobresalía del resto, su traje parecía más fino y se notaba que no estaba en estado físico como para ser un guardaespaldas.

- ¿Marcelito?, no te creí tan boludo, ¿sos suicida? –, dijo.
- Jeh, vine para que conozcas a un amigo mío. Se llama Wesley y si no me devolvés la guita que me curraste este flaco te va a lastimar. Estas advertido... –
- WAHAHAHAHA, ¿ese pendejo se va a enfrentar a 5 guardaespaldas con....?, ¿qué es eso?, ¿una espada?, que loco de mierda. Manuel..., dale una paliza... –

Uno de los hombres se acercó a Wesley.

- Puedo sentir tu agresividad, sos una amenaza así que si te acercas más te lastimo. – le dijo Wesley a Manuel, él cual se desconcertó al oír esto.
- ¿Sentir?, ¿Cómo es eso?, Manuel, haceme caso y lastímalo. –, dijo el jefe.

Wesley desenvainó, dio una estocada y Manuel cayó. Trató de controlarse para no cambiar, y tuvo bastante éxito pero se dio cuenta que si se controlaba mucho su nivel de pelea se reducía considerablemente.

- ¿Eh?, sos hábil, pero desafortunadamente para vos me cansé. ¡Mátenlo! –

Ahora estaban 4 personas alrededor de él, apuntándolo. Con un solo golpe, Wesley le rom-pió la mano a uno de ellos pero...

BANG

El disparo fue ensordecedor. El jefe sonrió al escucharlo ya que sabía que nadie podía so-brevivir a 4 disparos a esa corta distancia. Con una mueca que expresaba satisfacción se dirigió a Marcelo:

- Todo acabo, tu amigo se murió Marcelo y ahora seguís vos...¿¿QUÉ?? –

Wesley estaba ileso. Había visto venir las balas y había utilizado la espada para defenderse. Las 4 balas seguían ahí, encajadas en la espada. Los guardaespaldas se quedaron temblando de miedo ante aquel espectáculo. En un solo segundo, los cuatro cayeron inconscientes al piso. Marcelo observaba atónito como la velocidad de Wesley superaba fácilmente a los mejores tenistas, esos que necesitan tener piernas bien entrenadas para realizar una acelera-ción increíble. Luego, Wesley volteo hacía donde se encontraba el Jefe. La mirada de Wes-ley hacia él denotaba una arrogancia y odio dignas de temer. De repente se dirigió a Marce-lo, él cual le sonrió y, al ver esto, su mirada cambió, se transformó en aquella que vio cuan-do se miró al espejo.

- Soy lo bastante fuerte..., gracias por ayudarme a comprobarlo Marcelo. –, dijo Wes-ley que al mismo tiempo le agradecía mentalmente a Marcelo el estar ahí para poder volver a ser él mismo.
- Jeh, de nada –
- ¡¡¡¡Esto no puede ser, deberías estar muerto!!!! –
- Devolvele el dinero a Marcelo, más el doble por los intereses. –
- No puede ser, ¿cómo es esto posible?. Esta bien, no me hagas nada, ahora te doy la guita. –

Wesley envainó. Para sobrevivir al tiroteo había tenido que dejarse llevar por sus instintos de espadachín así que cuando se encontró delante del Jefe no pudo evitar tratar de dejarlo fuera de combate a él también. Fue una suerte para él que Marcelo se encontrase ahí para recordarle que ya todo había terminado, que ya había ganado.

- Bien hecho Wes. –, dijo Marcelo poniendo su brazo alrededor del cuello de él. – Me conseguistes más guita. –
- “Me” conseguí más guita que es distinto –, dijo él ya totalmente recuperado.
- Tsk, esta vez te la perdono. ¿pero qué estamos haciendo acá?, ¡Vamos a festejar! –

Capitulo 2
“Héroes”

Subieron a un taxi y Marcelo, que estaba más contento que niño en navidad, le dio las indi-caciones al chofer y el taxi se puso en movimiento.

- Necesitas un apodo. –
- ¿Eh? Para qué? –
- ¡Para la banda!, mi apodo, por ejemplo, es “Corcho” ¿Sabes por qué? –
- Me estoy imaginando por que... –
- Bueno, el punto es que la gente no tiene que saber tu nombre real. Además, tu nom-bre no es muy normal acá, así que... ¿cómo queres que te llamen el resto de las per-sonas? –
- Me gustaría conservar mi nombre, pero no tener un apellido me va a traer proble-mas, ¿no?, mhh..., ya se, decime“Juan”. –
- ¿Eh? –
- “Juan Wesley”, de esa forma puedo mantener mi nombre, solo que lo utilizo como el apellido. ¿Qué te parece? –
- Me parece bien, ¿pero por qué “Juan”? –
- A decir verdad no se me viene a la mente otro nombre. Podes llamarme Juan desde ahora. –
- Nah, yo te llamo por tu nombre, o en este caso, tu apellido. Me maree, bah, te llamo como te conocí la primera vez. Juan igual es bastante normal, además es muy serio, ¿por qué no te pones “Juancito”? –
- Si valoras tu capacidad de masticar te recomiendo que no me llames “Juancito”. –
- No rompas, “Juancito” te queda bien. –
- Quedará Juan Wesley. Mhh... a propósito, ¿estamos llendo a ver a esa persona? –
- ¿Eh?, Uh, eh, si, si. –
- No me digas que me mentiste solamente para que te ayudara con lo de la casa de apuestas. –
- Bueno, no te pongas mal..., ya se, quédate en mi casa un tiempito, total, yo soy sol-tero y de seguro no sabes donde vivís. –
- Tenés razón... –
- Además te puedo llegar a ser útil. Mi viejo que vive en Buenos Aires sabe un mon-tón de muchas cosas. Creo que sabe del cerebro y por ahí puede ver que carajo te fa-lla. –
- Baja un cambio. –
- Bueno, bueno, no te calentes. –
- Llegamos, son 6 pesos. –
- Toma, Gracias. –
- ¿Donde estamos Marce? –
- En “Manolo”, es uno de las mejores confiterías de por acá. –

Entraron a la confitería y pidieron una mesa. Casi instintivamente Wesley ubicó las salidas de emergencias y examinó a las personas del lugar para evaluar posibles amenazas. “¿Qué estoy haciendo?” pensó. “Tengo que distenderme un poco”. Se sentaron:

- La verdad sos un personaje vos. ¿Por qué no me contas bien tu historia? –
- Por que siéndote totalmente sincero yo no tengo historia. Al menos no tengo una historia que recuerde. No se quienes son mis viejos, ni como llegue a Mar del Plata, ni como soy tan bueno con la espada. –, dijo Wesley serio y al mismo tiempo triste.
- Al principio no te creí, pero ahora que me lo decís de esa forma tan convincen-te...bueno, digamos que te creo. Debe ser bastante feo no saber el pasado de uno. Mira, vos me ayudaste y eso lo aprecio. Desde ahora somos amigos, así que contá conmigo, yo te voy a ayudar a averiguar tu pasado. –
- Gracias Marce, lo aprecio. –
- De nada, además, jeje, te quería pedir un favorcito, ¿no querrías entrenarme?. Es que vos sabes una bocha de pelea y me doy cuenta que sos mucho más fuerte que yo. No me quiero quedar atrás, ¿qué decís?, ¿me vas a entrenar? –
- Mhh...si, pero si queres ser mi discípulo vas a tener que permanecer al lado mío ya que no se enseñar. Como te dije antes, ni siquiera recuerdo mi entrenamiento. Lo que podes hacer es observarme cada vez que peleo y así aprender. –
- Ok. –
- Disculpen, ¿ya van a ordenar? –
- Si, tráenos dos milanesas a la napolitana con papas fritas y dos cervezas. Aguanta, ¿Wesley vos tomas cerveza? –
- No, yo prefiero tomar..., <............> –
- ¿Qué pasa? –
- Algo malo va a pasar, siento el ambiente muy cargado. –
- ¿Estas sintiendo lo mismo que sentiste cuando Manuel se te acercó? –, dijo Marcelo ya tomándolo más en serio.
- Exactamente. –

De repente, dos hombres entraron bruscamente al lugar, sacaron armas y empezaron a la-drar ordenes;

- Todo quietos, esto es un asalto; al que se mueve lo mato. Vos, dame toda la guita. –, dijo uno de los asaltantes dirigiéndose a un empleado.
- Si, ya se las doy, pero por favor, no nos hagan nada. –, dijo éste.
- Wesley, ¿qué hacemos?, acá hay mucha gente, ¿nos arriesgamos a detenerlos? –
- No, eso dejémoslo como una ultima opción, lo mejor es cooperar. Si llegara a atacar a uno de ellos me arriesgaría a que el otro comenzase a disparar. –
- Ey, ustedes dos, ¿qué tanto están hablando?, quédense callados o los mato. –

En ese momento, un empleado tomó el teléfono. El segundo asaltante lo vio y se dispuso a jalar del gatillo. De repente, una voz hizo que el asaltante dudara un momento.

- ¡Para!, si queres dispararle a alguien, dispárame a mi. –, dijo Wesley.

Toda la gente se estremeció al oír esto. Las mujeres lloraban y los hombres contemplaban la escena totalmente impotentes. Wesley se levanto de su silla y miró impasible a los delin-cuentes. Lentamente, desenvainó y señalo con la espada a ambos ladrones.

- Si llegan a lastimar a alguien de este lugar voy a enojarme mucho. –, su mirada aho-ra inspiraba temor.
- ¿Nos estas amenazando con una espadita?, preguntaron los delincuentes, pero en sus voces se empezaba a notar temor. –
- Les doy una sola oportunidad. ¡Salgan de acá! –
- ¡Cállate! –, diciendo esto, el criminal apuntó y disparó contra Wesley.

Wesley cayó y una mampara de vidrio que estaba detrás de él se hizo añicos. El disparo hizo que los pocos niños que se encontraban en el lugar comenzasen a llorar. Marcelo esta-ba horrizado. Los criminales empezaron a reírse pero, al cabo de unos segundos, Wesley se levantó.

- ¡Wesley!, ¿estas bien?, pensé que ese hijo de puta te había matado. –
- Estoy bien, vi la trayectoria de la bala y pude esquivarla. –
- ¡Esto no puede ser!, ¿Quién carajo sos?, gritó uno de los asaltantes, inundado por el pánico. –

Wesley lo miró y aprovechó ese momento de vacilación. En una ráfaga de segundo, reco-rrió los 10 metros que lo separaban del criminal y se encontró cara a cara con éste. Lo dejó inconsciente. Como sabiendo que iba a suceder después, Wesley suspiró. Al voltear, vio que, al no tener otra salida, el segundo criminal había tomado de rehén a una chica de unos veintitantos años.

- Si te moves la mato. Denme la guita o les juro que la mato. –, vociferó el criminal

“Estoy demasiado lejos como para atacar”, pensó Wesley, “si tan solo pudiese hacer un ataque a distancia”. Pero en ese momento, al ver la oportunidad, Marcelo se arrojó sobre el delincuente y forcejeó con él. El arma ahora apuntaba hacia arriba y la joven había sido liberada. Al encontrarse en esa situación desesperada, algo en la mente de Wesley se activó, “Esta es mi oportunidad” se dijo a sí mismo.

- ¡¡¡MARCELO, TIRATE AL PISO, AHORA!!! –

Diciendo esto, Wesley guardó su espada en la vaina y se puso en posición para desenvainar rápidamente. Marcelo, automáticamente se echó al piso. El criminal, al ver que esta era su oportunidad apuntó con su arma a Wesley. En ese preciso momento, desenvainó con toda su fuerza al grito de; “RYU KAZE SEN”. El viento tan fuerte generado por el desenvaine provocó que el maleante que se encontraba a 20 metros de él fuese golpeado en el pecho. Antes de caer, ya se tenía 3 costillas rotas y se encontraba inconsciente.
Todos se encontraban atónitos. Nadie hablaba, ni siquiera Marcelo. Wesley guardó su es-pada.

- Creo que es tiempo de irnos, ¿no te parece? –
- Wesley, ¿Cómo hiciste eso? –
- Ya tendremos tiempo de hablar de eso. –
- Disculpen...yo quería decirles...quería decirles...gracias –, dijo la joven que hace un momento había sido retenida contra su voluntad por el criminal. ¿Podría saber sus nombres? –
- Si, como no. Me llamo Marcelo y este es mi amigo... –
- Wesley, ¿estas bien? –
- Si, si, no me pasó nada gracias a ustedes. –
- Perdone. –, dijo un hombre que se acercó a Wesley. – Soy el gerente, ¿podría saber como hizo para atacar al ultimo asaltante? –
- Eh... –

De repente, cinco policías entraron al lugar. Uno de ellos, al ver a los 2 delincuentes in-conscientes, preguntó:

- ¿Se escapó alguno?, ¿Dónde esta el gerente? –
- No señor, no se escapó ninguno. Yo soy el gerente, y si no hubiera sido por estos dos jóvenes, tengo que decir que todo esto hubiera salido mucho peor. –
- Ya veo, bueno, llévenselos oficial. ¿Disculpen, hay algún herido?, Igual la ambu-lancia ya esta en camino por las dudas. –
- No, como le dijo el gerente, no hay nadie lastimado. –
- ¿Y usted es...? –
- Eh...Juan Wesley –
- ¿En serio?, Bueno “Juan Wesley”, tengo un par de preguntas para usted; ¿por qué está cargando una espada y por qué me parece que “Juan Wesley” no es su nombre real? –
- A decir verdad no me creería, oficial...? –
- Salazar. Sargento Salazar. –
- Mira, nosotros ayudamos a detener a dos ladrones, sino hubiéramos estado acá, te puedo asegurar que la chica de ahí hubiera muerto. ¿Qué más queres de nosotros? –
- ¿Y vos sos...? –
- Marcelo Marino. –
- Tu nombre me suena bastante conocido...bueno, digan lo que digan les tengo que tomar declaración. Van a tener que acompañarme, quieran o no, a la comisaría. –
- Le advierto que lo que le contaré no lo dejara satisfecho Sargento Salazar. –
- Eso lo vamos a decidir nosotros, vamos. –
- Gracias Sr. Wesley y Sr. Marino. Vuelvan cuando quieran y pidan lo que quieran, estaremos encantados de que vuelvan pronto. –, dijo el gerente.

Wesley y Marcelo subieron al patrullero y el viaje a la comisaría comenzó. Eran las 4 de la mañana y ni Marcelo ni Wesley estaban cansados, ya que la adrenalina seguía circulando por sus venas.

Capitulo 3
“Un nuevo comienzo”

- Eu, Wes. –
- Estoy tan cansado que no tengo ganas ni de hablar. –
- Bueno, ¿cómo hiciste para noquear al segundo asaltante? –
- Fue algo bastante peculiar; al principio, sabia que tenía que atacarlo a distancia pero no sabía como hacerlo, pero de repente, como si fuese instintivo, supe exactamente que hacer. Creo que eso que hice fue una técnica especial. –
- Vos si que me sorprendes eh..., capaz vas a empezar a recordar algo. Cambiando de tema; nos van a tomar declaración y vos no tenés ningún documento así que, ¿qué vas a hacer? –
- Veré, a decir verdad es lo menos que me preocupa. Estaba pensando en esta espada, es bastante especial. –
- La verdad... nunca en mi vida había visto una espada así, se de espadas con en filo invertido pero ninguna sin nada de filo. –
- Todo indica que para averiguar sobre mi pasado es necesario más averiguar sobre esta espada. –
- ¿Eso quiere decir que...? –
- Si. Tenemos que viajar a Japón –

En ese momento el auto se detuvo. Nuestros protagonistas fueron escoltado dentro de la seccional por el Sargento Salazar y por otro oficial.

- Bueno, -, dijo Salazar, – ¿quién de los dos quiere empezar? –
- Mira, estábamos en la confitería y dos asaltantes entraron. Vimos que uno de ellos iba a dispararle a un empleado que había agarrado el teléfono y tuvimos que distraer la atención de los delincuentes. Yo forcejee con uno y lo desarme y Juan hizo lo mismo con el otro, fin de la historia. –
- Acá hay algo extraño; una de las personas que estaba ahí mencionó algo bastante inquietante. Dijo que usted, señor Juan Pérez, el cual todavía no me mostró su do-cumento, utilizó su espada para, cito, “realizar un ataque a distancia”. Yo estuve a punto de desestimar la veracidad de los hechos, pero parece ser que todos en el lu-gar presenciaron lo mismo. –
- Sargento Salazar, ¿importa como logramos frustrar el asalto?, ¿no es más importan-te el hecho de que simplemente lo hicicimos? –
- Importa, importa mucho. Capaz todo el asunto en sí fue un truco publicitario, capaz, ustedes están asociados a los delincuentes. –
- ¿Qué estas diciendo?. Estamos todos locos... encima que los ayudamos nos vienen a decir que somos cómplices. –
- Tranquilo Marce. ¿Necesita alguna prueba de mis habilidades, Sargento Salazar? –
- Me quedaría más tranquilo... ¿puede, que se yo, partir al medio mi escritorio? –, dijo hilarante el Sargento.

Rápidamente, y sin dudar, Wesley desenvainó y cortó al escritorio en dos. Todos los oficia-les se quedaron perplejos. Wesley envainó. Esta vez pudo controlarse perfectamente y ya que la prueba no requería un gran esfuerzo para él.

- Eso fue increíble. Bueno, Sr. Pérez, presiento que tiene una historia bastante intere-sante que contarnos, ¿nos hace el favor...? –
- Será mejor que pida un café, ya que lo que le voy a decir va a llevar mucho tiempo para que lo asimile, y más para que lo crea. –

Cuarenta minutos después, Salazar se encontraba asimilando la historia de Wesley. Para estar seguro, utilizó el polígrafo en él y, como era de esperarse, todo lo que dijo era verdad.

- Podría mandarme a un Psiquiatra para estar más seguro... –
- No, esta bien. Este es un caso muy interesante, por lo visto sos como un tipo de sú-per héroe. Bueno, en realidad nos ayudaste mucho hoy. Dejame hacer una llamada telefónica y ya terminamos con vos y con Marcelo. –
- Gracias a Dios. Tsk, no pudimos celebrar como corresponde... –
- No importa Marce, salvamos a mucha gente hoy, ¿no es eso lo que querías al formar la banda? –
- Seh, tenés razón. ¿Y ahora, qué hacemos?, ¿Cómo hacemos para ir a Japón? –
- Disculpen, ya terminé con la llamada. Ahora en 1 hora te consigo un DNI con tu nombre. –
- ¿En serio?, Se lo agradezco muchísimo Sargento, no sabe cuanto me ha ayudado. –
- Es lo menos que podía hacer. En realidad, creo que vos y tu amigo van a cambiar el mundo. Por esa razón yo me hice policía pero nunca logre hacer mucho bien. –
- Si, un personaje como Wesley no aparece todos los días, ¿no? –
- Me sobrestiman, igual, gracias. Veo que esto es un nuevo comienzo..., pero todavía me falta mucho por recorrer. Es gracioso, presiento que el los acontecimientos futu-ros van a ser muy interesantes..., disculpen, por lo visto me gusta decir comentarios reflexivos cada tanto. –
- No te preocupes Wesley, te entiendo perfectamente. Ah, cuando necesiten ayuda, acá tienen mi numero de celular, llamen a cualquier hora, y si están en problemas, toda la seccional va a ir ayudarlos. –
- Jeh, gracias che, y yo que creía que eras un ortiva... –
- Marcelo..., en fin, otra vez muchas gracias Sargento –
- Decime Carlos, Wesley. Es bastante peculiar tu nombre... –
- Todo en mi por lo visto es bastante peculiar. Parece que soy Argentino, pero mi nombre es de origen ingles y, además de todo, poseo habilidades de los samuráis, es decir, de guerreros japoneses. –
- ¡Que rejunte!, jeje, pero eso es lo que te hace tan especial che, ¿no crees Carlos? –
- Si, Marcelo tiene razón. De curioso nomás, ¿qué tienen pensado hacer ahora? –
- Wes quiere viajar a Japón para averiguar más sobre su espada, pero con la devalua-ción y todo eso, nos va a ser imposible conseguir tanta cantidad de guita. –
- Ciertamente, ¿de qué me sirve tener estas habilidades para trabajar? –
- Si, tenés razón, pero... –
- ¿Pero?, ¿Tenés algún plan? –
- Hay una serie que ve mi hijo..., “Dragon algo” se llama. Ahí siempre se enfrentan individuos poderosos en torneos..., bah, es así si mal no recuerdo. –
- “Dragon Ball Z”, creada por Akira Toriyama, no me preguntes como se de eso, pero por lo visto me vi todos los capítulos –, dijo Wesley intrigado por su propio comen-tario.
- ¿Un torneo?, eso es una muy buena idea. –
- Si Marcelo, pero realizar ese tipo de emprendimiento sale muy caro –, dijo Carlos con tono abatido.
- “Todo tiene solución” – citó Wesley sin saber bien a de quien era esa frase. Luego agrego: – Podríamos buscar algún inversor, probablemente algún canal de televisión querría auspiciarnos para tener cobertura exclusiva. –
- ¿Alguien con plata y que tenga que ver con la televisión?. Hay pocas personas que llenan ese cuadro aunque podrían probar con el canal 13. Jeh, hasta podrían hablar con Adrián Suar. –, dijo Carlos con un tono más alentador
- Tsk, nunca nos va a dar bola, mejor pensemos otra forma de conseguir esa cantidad de guita. –
- Nada es imposible Marce. Estoy seguro de que lograremos convencer a Suar. Por lo visto ya tenemos un objetivo definido; tenemos que ir a Buenos Aires. –
- Están a solo 3 cuadras de la terminal de Ómnibus. Que emocionante, en realidad me gustaría acompañarlos en este viaje por descubrir la identidad de Wesley, es una pe-na que tenga mis responsabilidades con mi trabajo. –
- Seh, nos hubiese servido un policía..., bueno, mejor nos vamos y dormimos en el micro, ¿qué te parece Wes? –
- Si, necesito descansar un poco. Salazar, fue un gusto haberlo conocido. –
- Me podes llamar Carlos, esta todo bien. –
- Perdón, me acostumbre a Salazar. –
- No importa, acá tenés tu nuevo documento. Tengo que decir que no lo conseguí de una manera muy legal pero, dadas las circunstancias, este es un caso especial. Ah, Marcelo, ya me doy cuenta por que me sonaba tu nombre, en el registro dice que fuiste detenido varias veces por peleas ilegales....estos registros comienzan cuando tenias 15 años y hasta fueron aumentando hasta ahora. “Corcho” es tu alias y acá di-ce que sos un peleador magnifico. Así que vos también sos muy fuerte. Lastima que en esta época y este país no se aprecie mucho ¿no? –
- Seh, pero ahora que Wes esta conmigo vamos a ser un grupo invencible y vamos a ser famosos por todo el mundo. –
- Una ultima cosa Wesley. Esa espada tuya... puede que te traiga problemas ya que es un arma. Ya se que no tiene filo, pero tené cuidado de no meterte en problemas. –
- Gracias por el consejo. Es tiempo de irnos, tenemos un largo viaje que realizar... –
- Son 400 Km. ... –
- ¡Me refiero al viaje por descubrir mi identidad Marce! –
- Espero verlos pronto, Bon Voyage! –

Se estrecharon las manos con Salazar y caminaron a la estación de ómnibus dejando atrás a un nuevo amigo. Antes de llegar a la estación, compraron unas valijas y algo de ropa para el viaje con el dinero que Wesley obtuvo de la casa de apuestas. Compraron los pasajes y se subieron al micro. Revisando el documento Wesley notó un ultimo regalo del Sargento; el documento decía “Juan Wesley”. Parecía ser que Salazar había estado al tanto de la parte de la historia de los muchachos cuando Wesley le comento a Marcelo que querría mantener su nombre. Ya arriba del micro Marcelo comenzó a hablar:

- No quiero ser un aguafiestas ni nada, pero..., ¿de que se supone que vamos a vivir en Buenos Aires?, la plata que obtuvimos no nos va a durar mucho. –
- “Dios proveerá” –
- Eso no me da mucha confianza Wes. –
- Creo que te preocupas demasiado Marce. Entendelo, si todo sale como lo espero, no vas a tener que preocuparte más por la plata. Además, te recomiendo que no pierdas el tiempo preocupándote por el futuro. Dormí, así el viaje te pasa más rápido. –
- No me trates de boludo..., tsk, es al pedo discutir con vos. Tendrías que ser un poco más previsor, eh Wesley, ¿Wesley? –
- Zzzzzz. –

“No siempre tengo la oportunidad de embarcarme en una aventura con alguien tan especial como lo es Wesley, tal vez debería hacerle caso”, pensó Marcelo al tiempo que él también se iba quedando dormido.

Capitulo 4
“El Torneo de Artes Marciales”

El viaje fue bastante corto desde la perspectiva de Wesley y de Marcelo. Al llegar a la ter-minal de ómnibus en Retiro, decidieron tomar un taxi hasta las oficinas de Canal 13. Al entrar a la recepción, una linda joven los detuvo.

- Disculpen, ¿en qué puedo ayudarlos? –
- Queremos ver al Sr. Adrián Suar por favor. –
- ¿Tienen cita con él? –
- No, no tenemos cita, pero igual lo queremos ver. Si queres decile que lo que tene-mos que decirle le va a interesar mucho. –
- Perdonen pero les tengo que pedir que por favor se retiren. Sin cita no entra nadie. –
- Disculpe, debo insistir. Le aseguro que no crearemos problemas. –, dijo Wesley en su tono más diplomático.

Dos guardias de seguridad notaron la insistencia y la negativa a irse y acudieron a la recep-ción. Al ver los guardias, Marcelo comenzó a perder la calma. Wesley, en cambio, posó su mano en su espada como de manera instintiva.

- Retírense por favor. –, dijo un guardia con tono de pocos amigos.
- No me das miedo eh, desde los 15 años que peleo y vos no me inspiras ningún temor pelotudo. –
- Marcelo, por favor. Perdonen señores, nuestra intención no es incomodar, si la seño-rita es tan amable de decirnos como hacer una cita, podremos solucionar esto. –
- Si ustedes no son conocidos del Sr. Suar o trabajan en el establecimiento, me temo que no pueden realizar cita. –, dijo la recepcionista ya bastante molesta.
- Ah bueno, me quedo más tranquilo... –
- Cerrá la boca y andate. – dijo el otro guardia.
- Eso estuvo de más –, dijo Wesley sabiendo exactamente lo que iba a suceder.

Marcelo golpeo a los dos guardias y quedaron inconscientes. La joven secretaria se dispuso a tomar el teléfono pero Marcelo desconectó el cable.

- Así se hacen las cosas Wesley. –
- Me temo que no logramos nada. –
- ¿Ah, no?. Vos, decime donde queda la oficina de Suar, y me lo decís ya eh... –
- S-Si, es el piso 14, la puerta del fondo. –, dijo la recepcionista asustada.
- Muchas gracias. Vamos Wesley antes de que llamen a la policía. –
- ¿Por que me parece que vos ya hiciste algo así antes? –
- De pibe me metí en muchos quilombos, no preguntes y corre. –

Al llegar al piso 14, siguieron el corredor al fondo hasta que encontraron una puerta. Ahí estaba escrito en el vidrio; “Gerente de Programación: ADRIAN SUAR”. Entraron y dentro se encontraba, como era de esperarse, Adrián Suar. Al ver que dos personas bastante in-usuales forzaban la entrada a su oficina se sorprendió mucho, por no decir bastante.

- ¿Quiénes son ustedes?, ¿Qué esta pasando acá? –
- Perdone la abrupta irrupción Sr. Suar, es que necesitábamos hablar con usted y la recepcionista no quiso ayudarnos, sepa entender. –
- Pero, ¿y los guardias? –
- Se hicieron los malos y los tuve que poner a dormir una siestita. –
- Perdone a mi compañero, se irrita fácilmente. Mire, yo le voy a mostrar algo que podrá parecerle increíble. Si después de mi demostración no esta sorprendido como para escuchar lo que tenemos que decir, podrá llamar a la policía para que nos sa-quen de acá, ¿qué le parece? –
- E-Esta bien, adelante. –

Wesley dio media vuelta y se alejó de la puerta un par de metros. Apuntó a la puerta y se puso en posición para un desenvaine a toda velocidad.

- ¿Eso es una espada?, ¿Qué se supone que va a hacer? –
- Miralo bien, lo que va a hacer no lo vas a poder creer. –, dijo Marcelo.

Ahora Wesley se encontraba con los ojos cerrados, se notaba que se estaba concentrando. De repente, Marcelo y Suar pudieron sentir la fuerza que Wesley estaba a punto de emanar. Desenvainó al grito de; “RYU KAZE SEN". Al igual que la vez anterior, el movimiento generado por el desvaine a esa velocidad increíble generó un viento tan fuerte que destrozó las bisagras de la puerta y la mando a volar. Satisfecho, envainó.

- Eso es solo una muestra, es una de mis técnicas, pero eso no prueba nada. En reali-dad me especializo en combate cuerpo a cuerpo, ¿quiere oír lo que tengo que decir? –
- S-Si, si, contamelo todo –
- ¡ALTO POLICIA, TIRE LA ESPADA! –
- Mierda, llego la cana. –

Instintivamente Wesley desenvainó. Los tres policías se encontraban ahora rodeándolos. Los tres los apuntaban y la tensión estaba llegando a su punto máximo. Si alguien se movía, la situación se salía de control.

- ¡AL SUELO CARAJO! –
- Oficial, esta todo bien, yo me hago cargo de estas personas. Necesitaban decirme algo importante y por eso irrumpieron en mi oficina, pero ahora estoy bien. –, dijo Suar con tono firme.
- Pero Señor... –
- Pero nada. Si este señor de acá golpeó a un guardia habrá sido por que se lo mere-cía, ahora por favor, retírense, necesito hablar a solas con ellos. –, dijo Suar sacando el alma de negociante que llevaba adentro.
- Si señor. –
- Gracias. Ahora bien, siéntense y díganme sus nombres por favor. –

Una hora después la cara de Adrián Suar era la misma que tenía cuando Marcelo y Wesley entraron a la fuerza a su oficina; estaba desconcertado, abrumado.

- ¡Pero lo que me estas contando es totalmente inverosímil! –
- Usted mismo vio con sus propios ojos una muestra de mi poder. –
- Si loco, ¿qué más queres? –
- Bueno, ustedes me contaron que tenían que venir a Buenos Aires, pero no me espe-cificaron por qué. ¿Qué tengo que ver yo con todo esto? –
- Bueno, como le conté, lo único que tengo es esta Katana. Todo indica que mi obje-tivo es viajar a Japón, el problema es que viajar hasta allá es muy caro y nadie me asegura que podré averiguar algo de mi mismo. Estuvimos analizando la situación con Marcelo y surgió la idea de realizar un Torneo Mundial de Artes Marciales en la Argentina. Lo que necesitamos es a alguien que lo patrocine, es decir, a un inver-sionista. –
- Ah, ya veo. –
- No se engañe, esto no es una estafa. La decisión recae en usted, tómelo o déjelo. –
- Yo te recomendaría que aceptes. Te voy a ser muy sincero, a cualquier canal le en-cantaría poner las manos en las habilidades de Wesley. –
- Esta bien, entonces está decidido. Wesley, vos vas a representar a nuestro país en el torneo. –
- Eu, no me dejes afuera, yo también voy a participar. –
- ¿Vos también sos muy fuerte? –
- No podré esquivar las balas como lo hace Wesley pero peleo desde los 15 años. –
- Wow, veo que ambos son muy fuertes. Moveré mis influencias, tengo que ponerme en contacto con la Secretaría de Turismo y con los demás organismos de Artes Mar-ciales del mundo. Ahora que lo pienso, si puedo hacerle mucha publicidad en todo el mundo, el tener la exclusividad de transmisión podrá ser muy lucrativo. Lo que si, la inversión tendrá que ser de 10 millones de dólares seguramente. –
- ¿¿¿10 palos verdes???, Creo que en realidad nos tiene mucha confianza. –
- No es eso. Es lo que dijiste vos a aquel policía; “Un personaje como Wesley no apa-rece todos los días” –
- Mhh...tengo la impresión de que encontraremos personas tan fuertes como yo en el torneo, estoy muy emocionado. –
- Bueno, me comentaron que vinieron acá sin tener un lugar para quedarse. Les tengo una proposición. –
- Usted dirá. –
- Mi sobrina esta bastante interesada en la cultura japonesa y en las artes marciales y quiere aprender. Yo le prestó mi casa que esta en Martínez y ella la utiliza para di-bujar. Quiere ser Mangaka, no me pregunten que es eso, algo relacionado con los dibujos japoneses. –
- Mangaka es alguien que dibuja Manga, probablemente ella es una Otaku, es decir, una fanática del anime –, dijo Wesley al mismo tiempo que notaba que el era tam-bién un Otaku. –
- Eso mismo. Bueno, les invito a que la entrenen y de paso se pueden quedar ahí. Les puedo pagar un sueldo de unos...1500 pesos si les parece bien. En fin, si van a lobby y esperan ya les mando la limusina. –
- Muchísimas gracias Sr. Suar.
- Si, la verda’ , muchas gracias macho.
- No, por favor, no es nada. Más tarde me comunico con ustedes. Chau. –

Capitulo 5
“Una Otaku”

Al bajar al lobby, Wesley y Marcelo pudieron apreciar como la recepcionista recibía un llamado muy importante del gerente de programación. Al verlos, ella bajo la vista y mur-muró:
- Que tengan un buen día señores. –
- Jeh, gracias, ¿viste como la amabilidad te lleva lejos? –
- Marce..., señorita, disculpe si la asustamos anteriormente, no volverá a pasar. –
- Vamos Wes, no tenemos todo el día, además tengo un sueño que me muero. –
- Esta bien. –

En la salida, una impecable limusina negra apareció delante de ellos. Con una sonrisa de oreja a oreja, Marcelo abrió la puerta y se dirigió a Wesley:

- Después de usted. –
- Jeje, veo que estas muy contento. –
- Como para que no esté contento, dale, pasa... –
- Bueno. –

La limusina se puso en movimiento y Wesley se encontraba bastante dubitativo, entonces Marcelo le preguntó de la manera más amable del mundo que le era lo que le ocurría:

- ¿Qué carajo te pasa?
- Me resulta extraño el comportamiento de Suar, quiere que nos quedemos en la casa de su sobrina así como así. A decir verdad no creo que lo haya hecho por que le sa-lió del corazón ya que, si ese fuera el caso, simplemente nos habría pagado un hotel. No, acá hay algo más. Él nos quiere con ella, todavía no puedo precisar por qué. –
- Ahora que lo pienso... –
- ¿Qué?, ¿Qué pasa? –
- Escuche en la radio un par de veces que la sobrina de Suar estaba amenazada de muerte por un loquito obsesionado con ella. No le di importancia por que Suar había dicho en la tele que todo el tema estaba solucionado. –
- Parece que no... –
- Igual, no nos hagamos problema, nosotros somos lo suficientemente fuertes. –
- Si lo guardaespaldas de Suar no pudieron con él, eso quiere decir que no estamos li-diando con una persona común. –
- Bueno, no pensemos en eso ahora. Estamos en Buenos Aires, tenemos casa, laburo, tenemos influencia y muy pronto representaremos a la Argentina en un torneo de ar-tes marciales organizado por nosotros mismo, ¿qué puede salir mal? –
- Todo. –
- Uy, mira, mira, ¡hay un pequeño barcito acá!, ¡Whisky “John Walker”! –
- Me imagino. –

Cuarenta minutos después, Marcelo y Wesley se encontraban delante de una muy linda casa en Martínez. El chofer de la limusina les dijo que la sobrina de Suar no se encontraba en casa en ese momento y que podían elegir cualquier cuarto, exceptuando claro, el de la due-ña de casa. Marcelo se interesó más por la TV de 50 pulgadas que por su cuarto. Wesley, en cambio, fue directamente a su habitación y se durmió. Varias horas después se despertó y medio somnoliento se dirigió a la cocina donde lo esperaba su amigo.

- ¡Buenos días dormilón!
- No me acuerdo de nada, por favor decime que no dormimos en la misma cama. –
- Jajaja, no boludo, esta casa tiene 7 habitaciones. –
- ¿Dormí mucho? –
- Unas 6 horas. Suar llamó para ver como andábamos. También dijo que cuando te levantes lo llames. Toma, este celular es para vos, el teléfono de Suar esta en la memoria. Cuando lo llames decile que esta todo en orden. En cuanto a la sobrina, en todo este tiempo no apareció por la casa, así que me rebusque para llamarlo a Suar y me entere que ella estaba en Miami, la viveza de Suar se olvido de mencionarlo. Igual, tenés suerte, dentro de media hora viene. ¿Vas a llamarlo o no? –
- Llámalo dale...-
- ¿Qué soy?, ¿tu secretaria? –
- No jodas..., ¿hay café? –, dijo Wesley mientras se despejaba.,
- Si..., toma. Ah, y acá tenés un regalito extra. –
- ¿Qué es esto?, esta en papel de fax... –
- Si, lo mandó el jefe, es tu...¿cómo podría llamarlo?, itinerario. –
- ¿Qué? –
- Lo que oíste. Yo lo hojee un poco, tenés que darle la primera clase a la sobrina, des-pués tenés 30 minutos para bañarte y 10 para cambiarte. De ahí te vas al estilista y después a las oficinas de canal 13. –
- ¿Y vos? –
- Yo no soy la estrella, mala suerte. En fin..., estabas muy cansado, ¿cómo te sentís ahora? –
- Me siento mejor, además me siento un poco más fuerte. –
- Si que sos especial eh. –
- Hay 4 personas afuera. –
- ¿Eh?, ¿cómo sabes eso? –
- Creo escuchar la respiración de 4 personas allá afuera. –
- No dejas de sorprenderme, si, efectivamente hay 4 guardaespaldas afuera. –
- Nuestras suposiciones eran correctas, nosotros no necesitamos guardaespaldas, la pregunta es, ¿quién si? –
- Bingo. –
- Lo malo de todo esto es que tendré que perder mi tiempo con un discípulo que no quiero tener. –
- ¡Epa! –
- No hablaba de vos, me refería a la sobrina. –
- Si, ya se, te estaba jodiendo. ¿Pero de qué te quejas?, ¿Y si es un bombón? –
- Hay alguien en la puerta. –
- ¿Cómo sabes?, ah si, tu habilidad especial. –

La puerta se abrió y apareció una linda joven de unos 18 años de edad. Tenia pelo negro largo lacio y era de estatura mediana. Vestía una remera blanca corta que dejaba ver su om-bligo. Tenía puesto un short deportivo, muñequeras y rodilleras blancas.

- ¡Hola!, ustedes deben ser mis nuevos entrenadores. –
- Jeh, si, si. Yo soy Marcelo Marino y este es mi amigo Juan Wesley. –
- Encantada. –
- Disculpe, el Sr. Suar no nos dijo en ningún momento cual era su nombre, ¿seria tan amable de decírmelo? –
- Ayelen. Mi tío habló maravillas de ustedes, necesito entrenar mucho eh... –
- ¿Para qué?, ¡Si así estas bárbara! –, dijo Marcelo tratando de alagar a Ayelen.
- Mhh..., gracias. Juan, ¿vos sos el experto espadachín, no? –
- Dígame Wesley. Si, así es. Hablando de eso, ¿dónde la dejaste Marcelo?, me refiero a mi espada. –
- Ta’ por ahí, no jodas. –
- Bueno, ¿vamos a empezar con la clase? –, dijo Ayelen mirando a Wesley.
- Antes que eso, le quería avisar que vamos a protegerla de cualquier persona, quéde-se tranquila. –
- ¿Cómo supieron...? –
- Sacamos de deducciones nomás. Wes, ¿qué pasa? –
- <............>, Srta. Ayelen, ¿esta casa tiene salida por atrás? –
- Si, por supuesto, ¿por? –
- Vamos. –

Rápidamente, Wesley encontró su espada la cual reposaba sobre un sofá. Ayelen no enten-día nada pero Marcelo la sujetó y corrieron hacia la salida. De repente, una explosión ocu-rrió dentro de la casa y varios vidrios llegaron hasta donde se encontraban ellos.

- ¿Qué pasó?, no entiendo, ¿alguien me puede decir que esta pasando acá? –, dijo Ayelen en shock, ya que no se daba cuenta que estaba lastimada.
- Un atentado Srta. Ayelen, eso pasa. Por lo visto el loco que la perseguía descubrió donde vivía usted. –
- ¿Qué hacemos ahora Wes? –
- Para, ¿Srta. Ayelen, se encuentra usted bien? –
- Mi pierna..., me duele. –

Al revisarle la pierna, Wesley notó que un vidrio le había lacerado la piel. Sin dudar ni si-quiera un instante, se sacó la corbata y vendó la pierna lastimada.

- Por ahora esto bastará, dígame, ¿puede caminar? –
- Me duele mucho... –
- Marce, anda para el frente de la casa y fijate si los guardaespaldas están bien. –
- ¡Me había olvidado completamente de ellos!, enseguida vuelvo. –
- Voy a llamar una ambulancia, mientras tanto cuidare de usted Srta. Ayelen, todavía hay probabilidades que el agresor atente nuevamente contra usted. –
- Gracias Wesley, nadie había sido tan bueno conmigo nunca. –
- Cálmese, no quiero que se desmaye. Necesito que me escuche, aprete mi mano. –
- ¿Eh?, ¿Para que? –, mientras decía esto comenzó a ruborizarse.
- Necesito que aprete mi mano para que no se desmaye. –

Ayelen tomó la mano de Wesley y se quedaron mirando. Ninguno de los dos decía nada. De repente Marcelo regresó.

- ¿Qué andan haciendo? –
- Nada, ¿qué pasó?, ¿cómo están los guardaespaldas? –
- Lastimados, algunos tienen heridas menores, pero lo que me preocupa no es eso. Me dijeron que no pudieron ver quien fue el agresor ya que los noquearon antes de po-der ver algo. Parece ser que, como dijistes antes, no estamos lidiando con una per-sona común. –
- Lo que me temía. Bien, la ambulancia ya llegó. –
- Por favor, acompáñenme, no me dejen sola. –
- Si, ya no podemos hacer nada más acá igual. Vamos Marce. –
- Si. –

Capitulo 6
“Facultades Detectivescas”

El viaje al hospital fue sereno. Cuando Ayelen y los muchachos se habían subido a la am-bulancia, un paramédico, quien en seguida retiró la corbata de Wesley, le aplicó un sedante para la pierna así que el susto de Ayelen se le pasó en seguida. Al llegar, una enfermera le aplicó unos puntos y vendó la herida. Mientras tanto, Marcelo hablaba por teléfono con Suar explicándole lo sucedido y Wesley, a quien le estaba gustando la idea de tener un ce-lular, llamaba a la policía local para avisar que todos estaban bien. Cuando cortó, se dirigió a la camilla donde estaba Ayelen, la cual estaba pensativa:

- ¿Cómo se encuentra? –
- Mejor, gracias. Estaba pensando, no entiendo por qué me pasa esto a mi. –
- No se preocupe, Marcelo y yo haremos todo lo posible para descubrir la identidad de ese psicópata. –
- ¿Qué se supone que haga ahora?, ¿a dónde puedo ir? –
- Ah, yo puedo contestar esa pregunta. Acabo de hablar con tu tío, me dijo te podes quedar en el “Sheraton” –, dijo Marcelo.
- Nosotros también supongo Marce... –
- Si, obvio. Vení Ayelen, te ayudo a pararte, así vamos llendo al hotel. –
- Yo tengo que hacer un ultimo llamado telefónico. –
- Ok, Suar nos va a mandar un remis esta vez, ya que una limusina atrae mucho la atención. –
- Muy bien. –

Al llegar al hotel, pidieron una habitación que tuviese espacio para tres camas. Lo mejor en ese momento era estar acompañando a Ayelen en todo momento, para evitar posibles pro-blemas. Ella fue directamente al baño a darse una ducha y Marcelo fue directamente al mi-ni-bar. Wesley por lo pronto, se sentó en una comoda silla de cuerina. Cerró los ojos y es-peró. Tocaron la puerta y automáticamente Marcelo se puso en guardia.

- Esta todo bien Marce, abrí tranquilo. –
- Bueno, si vos lo decís... –, dijo Marcelo mientras abría la puerta y recibía a una em-pleada del hotel.
- Disculpen señores, tengo un fax para el Sr. Wesley, Juan. –
- Si, lo estaba esperando, recibilo tranquilo Marcelo. –
- Gracias señorita. Wes, ¿posta esperabas un fax? –
- Si, le pedí a Suar que me envíe la lista de todas las personas que sabían donde y cuando la Srta. Ayelen iba a estar, abrilo tranquilo. –
- ¿Entonces crees que el loco trabaja directa o indirectamente para Suar?, en fin, veamos, acá dice que las personas que sabían que Ayelen iba a estar a las 15.30 en su casa eran 5 sin incluirlo a Adrián Suar: Daniel Santos; el chofer de nuestra limu-sina, Mariano Díaz; el asistente de Suar, Noelia Sequeida; amiga de Ayelen, Patricia De Luca; profesora de dibujo de Ayelen, y por ultimo yo, Marcelo Marino. ¡Que hijo de..., me pone en la lista también pero se excluye él! –
- Al menos podemos descartarte, se que no fuiste vos. –, dijo Ayelen que acababa de terminar de bañarse.
- ¿Sospecha de alguno Srta. Ayelen? –
- Decime Aye che, estas en confianza. Noelia es mi mejor amiga y nunca la vi pelear en mi vida así que descartala. Mi profesora tiene un problema motriz así que no pu-do haber noqueado a 4 guardaespaldas. En cuanto al asistente de mi tío, ¿ustedes no lo conocen?. Bueno, usa anteojos gruesos negros, es bastante torpe pero hace bien su trabajo, mi tío tiene plena confianza en él. Descártenlo también. Quedaría el cho-fer de la limusina que no conozco muy bien. –
- Mhh..., ¿qué pensas hacer Wes?. –
- Reunir a todos los sospechosos es un solo lugar. Marce, llámalo a Suar, quiero que le diga a la amiga de Ayelen que ella la espera en el lobby del hotel “Sheraton” a las 19:00, que es muy importante. Al asistente quiero que le diga que tiene que venir a entregarnos un papel muy importante, decile que agarre un sobre sellado y le meta un papel en blanco a dentro y que haga que el asistente que me lo traiga a las 19:00. En cuanto al chofer, que le diga..., no se, que invente algo para que este a las 7 de la tarde en el lobby, decile que de lo que invente va a depender la seguridad de su so-brina. –
- Dalo por hecho Wes. –
- Veo que tenés un plan. ¿Qué tengo que hacer yo? –
- Usted simplemente tiene que quedarse en esta habitación. Al finalizar el día, ya no tendrá que preocuparse por nada. –
- Confío en vos Wesley. ¿Todavía me seguís tratando de usted?. –
- Perdón, me acostumbré, ¿acaso le molesta? –
- No, para nada. En realidad me gusta. –, dijo Ayelen con una sonrisa.
- Ejem, ¿interrumpo algo? –, dijo Marcelo al notar que algo estaba pasando.
- No, para nada. Bueno, es tiempo de que me prepare. Voy a hablar con el jefe de se-guridad del hotel para explicarle la situación y mi plan de acción. Por favor encarga-te de cuidarla mientras tanto Marce. –
- Bueno, bueno, yo la cuido, no te hagas problema. –
- Hasta luego, Marcelo, Srta. Ayelen. –
- Suerte macho. –
- Cuidate por favor Wesley. –
- No se preocupen, estaré bien. –

Luego, Wesley salió de la habitación y se dirigió al lobby del hotel. Intercambió unas pala-bras con la recepcionista y unos minutos después un hombre corpulento de cabello rubio corto apareció frente a él. Wesley le explicó lo que estaba sucediendo y le pidió su plena cooperación. En una hora los 3 sospechosos estarían reunidos en el lobby del hotel y debía tener un plan de contención por si algo salía mal. Entre los preparativos y planes se llegó la hora esperada. Exactamente a las 7 PM el lobby se encontró lleno de gente caminando de aquí para allá, pero tres personas estaban inmóviles, como esperando a alguien. Se dirigió hacia ellos:

- Daniel Santos, Noelia Sequeida y Mariano Díaz. –
- ¿Quién sos vos? –, preguntó el chofer.
- ¿Cómo sabes mi nombre? –, preguntó Noelia.
- ¿Usted es el Sr. Wesley? –, indagó el asistente.
- Los reuní en este lugar por que creo que uno de ustedes es el que esta tratando de matar a la Srta. Ayelen. –
- ¿Quién?, Ah te referís a la sobrina de Suar. ¿Crees que no de nosotros...?, estas loco. –, dijo el chofer abrumado.
- ¡Ayelen es mi mejor amiga!, no puedo creer que me estén acusando a mi. –
- ¿Sospechoso yo?, desde hace un año que trabajo con Suar. L-Lo mejor será que llame a mi abogado. –
- ¿Terminaron?, bueno, si en verdad no tienen nada que ver les voy a hacer una sola pregunta. Si se rehúsan contestarla probablemente se inculpen solos.
- Pregunta nomás, yo no tengo nada que ocultar. –, dijo Daniel.
- ¿Cuál es su relación con la Srta. Ayelen? –, preguntó impasible Wesley.
- Yo soy su chofer. Las únicas palabras que cruzo con ella son: “¿a dónde quiere ir”?, además ella me cae bien, ¿por qué trataría de matarla? –
- Ayelen es mi mejor amiga, desde muy chicas que nos conocemos, nos confiamos todo. Nunca me cayó mal, no puedo creer que piensen que quiero lastimarla. –
- ¿Y usted Sr. Díaz?, ¿qué tiene para decir? –
- No tengo nada que decir por que simplemente yo no me relaciono con la sobrina de mi jefe. Se que existe, pero nunca la conocí. –
- Bueno, ahora que todos han respondido les voy a decir quien es la persona que esta acosando a Ayelen. Esa persona es el Sr. Díaz. –
- ¿Qué esta diciendo?, yo nunca la lastimaría, ella es una excelente persona. –
- ¿Cómo sabe usted eso?, pasó de no conocerla a describirla en detalle su personali. Me di cuenta de que estaba mintiendo ya que tengo la habilidad de tener un oído bastante agudizado y noté que su ritmo cardiaco aumentó en el momento de contes-tar la pregunta. Claro que el ritmo cardiaco de todos aumentó en cierto punto en el momento en el que les dije que eran sospechosos, pero el suyo..., el suyo fue el úni-co que aumentó en el momento de contestar, así supe que estaba mintiendo. –
- ¡Eso no prueba nada!, n-no es verdad lo que dice. Ustedes, no me miren así. –

En ese momento, tres empleados de la seguridad del hotel trataron de detenerlo, sin embar-go, la verdadera personalidad del asistente salió a flote. Mariano parecía ser un experto en artes marciales. Uno de los empleados recibió una patada en el pecho mientras que los otros dos eran golpeados en todo el cuerpo. Cuando quiso atacar a Wesley, se encontró con que ninguno de sus golpes podían afectarlo. O bien los esquivaba, o bien los bloqueaba. A ver-se acorralado de esa manera el asistente sacó un arma y tomó como rehén a la amiga de Ayelen. Al ver el arma, una señora gritó y cundió el pánico. Fue una suerte que le había avisado al jefe de seguridad que, por las dudas, llame a la policía. Ahora el chofer había huido y otros tres empleados de la seguridad del hotel aparecieron, sacaron pistolas y le apuntaron al asistente. Para aligerar la tensión de la situación Wesley habló:

- No tiene escapatoria Sr. Díaz, usted es inteligente, sabe que no puede salir del hotel, usted lo está viendo; está rodeado. –
- ¿Quién sos vos?, ¿Cómo puede ser que me hayas descubierto?. Pude engañar a Suar pero no entiendo como puede ser que en un solo día me hayas descubierto. –
- Por favor, ayúdeme, no me deje morir. –, dijo Noelia desconsolada.
- ¡Callate!. Parece Sr. Wesley que no previno que yo tuviese un arma, así que quiero un auto para irme de acá o mato a la mejor amiga de Ayelen, se que no queres tener en tu conciencia eso. –
- No, ciertamente no quiero eso en mi conciencia. ¿Me permite sacar algo de mi bol-sillo? –
- Despacio, no quiero ningún movimiento brusco. –
- Bueno, este es un celular, con él le voy a pedir al jefe de seguridad que retire a las personas que le están apuntando y que prepare un auto para usted. –
- Muy bien, ah, por favor, deja la espada en el piso o voy a tener que pegarle un tiro a esta linda chica. –
- Muy bien, la estoy dejando en el piso. –

Wesley se agachó y comenzó a poner el arma en el piso. “Debo hacer algo, no puedo dejar que se la lleve”, pensó en ese momento. “Si tan solo tuviese alguna técnica que me sirva en este momento, si tan solo pudiese acercarme hasta él para arrebatarle el arma”. Al pensar eso, algo dentro de su cerebro se activó. De repente, sus piernas se empezaron a mover a una velocidad increíble, tan increíble que el ojo humano no pudo seguir sus movimientos. El asistente vio que estaba poniendo su espada en el piso y en una ráfaga de segundo des-apareció, simplemente desapareció. Antes de poder hacer nada, se dio cuenta que Wesley se encontraba detrás de él. Una mano sujetó la de suya y comenzaron a forcejear por el arma. Cuando Noelia se puso a salvo, Wesley no dudó ni un momento en golpear a Mariano con la espada, la cual se encontraba todavía dentro de la vaina.

- ¡Argh!, ¿c-cómo carajo hicistes eso?. –, dijo Mariano, ahora inmovilizado.
- “RYU KIRI SEN”, sentite orgulloso, es una técnica bastante especial. –
- ¿Qué sos?, vos no podes ser humano. –
- Vas a tener mucho tiempo para pensar en mi en la cárcel. –
- Sr. Wesley, la policía ya llegó. Ya le conté lo ocurrido y van a arrestar al asistente. –
- Muchas gracias por salvarme. –, dijo Noelia recuperada del susto.
- No hay de qué, vamos a ver a Ayelen, ¿Queres? –, dijo Wesley. En ese momento sintió algo extraño, le pareció notar una amenaza, una amenaza fuera de lo común.
- Si, dale. –
- Adelántese por favor, está en el cuarto 145, yo ya voy. –

El ambiente estaba cargado. La policía llegó y se llevó al asistente, pero todavía no se sen-tía bien. De repente lo sintió, alguien lo miraba. En un rincón del lobby, el único lugar con sombra, un individuó de su misma complexión lo observaba. Él mismo se fue acercando a Wesley y así pudo verlo bien. Era un hombre de unos 30 años que vestía totalmente de ne-gro. Una traje, una camisa, una corbata, un pantalón de vestir, unos zapatos, todos negros. Tenía puesto anteojos negros también, pero al verlo de cerca pudo ver a través de ellos unos ojos dignos de temer. Su pelo largo también era negro el cual estaba atado, probablemente para que no interfiera. Su vestimenta resaltaba, pero lo que le sorprendió mucho a Wesley no fue su ropa, sino su espada. Estaba cargando una espada, tal como él. Notó un aura ma-ligna en esa persona. Se acercó a él, sin despegar su mano ni un momento la empuñadura de su espada.

- Dígame, ¿usted quién es? –
- Ah, pudiste darte cuenta de mi poder Wesley. –, dijo el individuó.
- ¿Cómo sabes mi nombre?, ¿Me conoces? –
- Todo a su debido tiempo. Veo que estas descubriendo poco a poco tus técnicas pero aun te falta mucho para enfrentarte a nosotros. –
- ¿Quiénes son ustedes?, ¡díganme! –, dijo Wesley casi perdiendo la calma
- Decime Takashi. Nos volveremos a ver, Sr. Espadachín, en el torneo de artes mar-ciales. –, dijo Takashi con una sonrisa de satisfacción.
- ¿Cómo podes saber algo del torneo?. –, dijo Wesley totalmente confundido.
- Adiós, Wesley. –

Diciendo esto, el misterioso individuo desapareció usando una técnica parecida a la que Wesley usó anteriormente. Lo que Wesley notó fue que su técnica era mucho mejor ya que ni con sus grandes habilidades pudo ver a donde iba. Más incógnitas se sumaban a su ya misteriosa vida, pero en el fondo sabía que muy pronto obtendría respuestas.

Capitulo 7
“Sensei”

Wesley abrió la puerta de la habitación y ahí se encontraban Marcelo y Noelia hablando muy amistosamente. Wesley casi esbozó una sonrisa al ver esto, pero rápidamente se esfu-mó al recordar el encuentro con Takashi.

- ¿Qué pasó Wesley?, por tu cara parece que lo que hiciste hoy no salió tan bien. – di-jo Marcelo.
- No, no es eso. Lo que pasa es que... – dijo Wesley dejando su frase inconclusa.
- Ah, ¡Wesley! –, dijo Ayelen apareciendo de repente del baño.

Corrió hacia donde se encontraba Wesley y lo abrazó. “Gracias por ayudarme”, le susurró ella al oído. Noelia y Marcelo miraban sorprendidos la escena. Wesley no pudo evitar olvi-darse por un momento de lo ocurrido con Takashi y, sin quererlo, se ruborizó. Ayelen lo notó y rápidamente lo soltó:

- Perdón, no quise tomarme tanta confianza –, dijo Ayelen recuperando la compostu-ra.
- No se preocupe. –, dijo Wesley sin poder ocultar su regocijo.
- Noelia me contó todo, lo que hiciste fue muy inteligente y valiente. –
- Por favor, no siga, lo único que hice fue hacer lo correcto. –
- No seas modesto Wes, lo que hiciste fue increíble, te felicito. –, dijo Marcelo. – Me hubiese gustado estar ahí presente para ver la cara de ese loquito. –
- Bueno Aye, me tengo que ir yendo, mañana tengo que presentar un proyecto en el trabajo así que me tengo que acostar temprano. Hasta luego Sr. Wesley, chau Mar-ce, nos vemos otro día. –, dijo Noelia agarrando su cartera.
- Chau Noe. –, dijo Marcelo con un tono bastante amistoso.
- Adiós Srta. Sequeida. –
- Nos vemos Noelia, mandale saludos a tu mama de mi parte. –, dijo Ayelen mientras la acompañaba a la puerta.

Noelia salió de la habitación y Wesley se puso serio de golpe. Ayelen y Marcelo notaron que algo le preocupaba así que se sentaron en el sofá. Wesley eligió la tan comoda silla que había utilizado antes para resolver la situación de Ayelen.

- Dale, decime que te pasa. –, dijo Marcelo.
- Si tenés algún problema podes confiar en mi Wesley. –, comentó Ayelen.
- Les voy a comentar lo que ocurrió. Un individuo, de nombre “Takashi”, vestido to-do de negro apareció. Sabía mi nombre y cargaba una espada como yo. Probable-mente Noelia les comentó que utilicé un técnica especial para vencer al asistente, bueno, esta persona utilizó la misma técnica, para no decir una mejorada. Tenía co-nocimientos acerca del torneo de artes marciales y lo peor de todo es que me pare-ció un individuo con intenciones puramente malignas. C-Creo que era más fuerte que yo. –
- No puedo creer que haya alguien mas fuerte que vos. –, dijo Marcelo contrariado.
- ¿Pensas que esa persona tiene malas intenciones? –, preguntó Ayelen.
- No lo pienso, lo se. Esto cambia totalmente las cosas, ese hombre habló en plural así que debe haber más como él, no puedo concebir que sean aun más fuertes que él pe-ro..., de seguro no son personas normales. –
- Estoy seguro de que vas a necesitar ayuda. Entrénanos por favor, así por ahí te so-mos útiles. –, dijo Ayelen.
- No. No puedo meterlos en algo tan peligroso, simplemente no puedo. –
- Wesley, vos me ayudastes una vez, esta es mi oportunidad para devolverte ese fa-vor, además soy tu amigo y te quiero ayudar. –
- Si, pero... –, dijo Wesley sin poder terminar.
- Yo soy tu amiga ¿no?, yo también te quiero ayudar, por favor Wesley. –, dijo Aye-len casi al borde de las lagrimas.
- Se que podría pedirles que no me ayuden, pero también se que no lo harán. Esta bien, me pueden ayudar, pero no me voy a arriesgar, los voy a entrenar para que sean personas más fuertes de lo que son ahora. Y yo también voy a entrenar para volverme más fuerte. –
- ¿Si?, ¿eso quiere decir que vas a enseñarnos tus técnicas secretas? – preguntó exal-tado Marcelo.
- No, no creo que lleguen a poder hacer algo así, pero serán más fuertes que cualquie-ra, se los aseguro. –
- Perfecto, yo sé Tae Kwon Do, ¿qué podes hacer para mejorarme?. –
- Lo que puedo hacer es darte más fuerza física y agudizar tus reflejos. Lo mismo te digo a vos Marce. –

Ring..., Ring...

- Teléfono, yo atiendo. –, dijo Ayelen.
- Mhh..., parece ser que mis predicciones se están volviendo realidad; encontraremos personas verdaderamente fuertes en este torneo. –
- Si, la verdad. Bueno, lo mejor será que nos vayamos a acostar. Yo me tome varios vasos de Whisky así que estoy muerto. –
- Creo que vas a tener que empezar a dejar el alcohol Marce, te necesito al 100% para esto. –, dijo Wesley seriamente.
- Bueno, tampoco soy un alcohólico che, igual, voy a tomar menos, por el entrena-miento. –
- Perfecto. Bueno, mejor sigo tu consejo y me voy a acostar. –
- Antes de acostarnos, me llamó mi tío. Le conté las novedades, todas las novedades. Parece ser que no le gustó saber que hay alguien más fuerte que vos, pero cuando le conté que nos ibas a dar un entrenamiento especial y que vos también te ibas a vol-ver más fuerte se emocionó y me ofreció comprar algún lugar para que nos entrenes. Mi tío no es de gastar mucha plata pero dijo que podría llamarlo una “inversión a largo plazo”. –
- Bien, necesitamos un lugar con una habitación de gran tamaño con piso de madera resistente. El entrenamiento será duro, se los advierto. Sería bueno además poner un cartel de Dojo, así el que quiera retarnos a duelo se transformará en un contrincante de pelea. Mañana vamos ir a buscar un sitio acorde a esas características, ahora va-yamos a dormir, mañana mismo comenzaremos con el entrenamiento. –
- Perfecto, buenas noches a todos, yo me voy al sobre. –, diciendo esto Marcelo dio media vuelta y se fue a su habitación.
- Bueno, creo que yo también me voy a ir a dormir. –, dijo Ayelen.
- Espere por favor, quería decirle que... –, dijo Wesley dejando su frase inconclusa.
- ¿Si?, decime Wesley. –
- Cuando todo esto acabe, ¿no quiere tomarse un café conmigo? –, dijo Wesley un tanto nervioso.
- S-Si, me encantaría. –, dijo Ayelen sonrojándose.
- Bien, gracias. Ahora por favor descanse bien, nos vemos mañana. –
- Chau Wesley. –

Diciendo esto, Ayelen se retiró a su habitación. Wesley mientras tanto, meditaba la situa-ción hasta que llegó a una conclusión: “¿Cómo puedo ser tan idiota como para preguntarle semejante boludez?”, se dijo Wesley mientras se iba quedando dormido en esa silla tan comoda. Mientras tanto, Ayelen se dormía con un rostro de felicidad.
Al otro día, ya se encontraban buscando una propiedad para comprar. Luego de varias horas consiguieron lo que buscaban. Ayelen hizo unas llamadas telefónicas y la venta se realizó. Luego, mandaron a hacer el cartel del Dojo:

DOJO WESLEY

- Hay que decir que quedó bastante bien el cartel, ¿no? –, dijo Ayelen contenta.
- Si Ayelen, aunque la verdad se mataron con la originalidad del nombre. –
- No seas tan criticon Marce, además, eso es lo de menos; es tiempo de entrenar. –, dijo Wesley.

Los tres entraron y Ayelen y Marcelo se sacaron sus zapatillas mientras que Wesley se qui-taba sus zapatos. Ayelen fue al baño a cambiarse mientras que Marcelo se quedaba en re-mera y Wesley se sacaba su saco de vestir, quedándose en camisa y corbata. Cuando Aye-len volvió, los muchachos pudieron apreciarla con ropa de pelea. Extrañamente a Wesley le empezó a sangrar la nariz.

- ¿WESLEY QUE TE PASA? –, preguntó asustado Marcelo.
- Toma mi pañuelo Wesley, ¿estas bien? –, dijo Ayelen un tanto asustada por la reac-ción de su amigo, aunque cuando lo vio no pudo evitar reírse ya que esto le recor-daba una situación parecida a muchos mangas que ella había leído.
- No le den importancia, fue una reacción un tanto rara pero ya se me pasará. Co-mencemos con el entrenamiento, quiero que ambos me ataquen y observen mi de-fensa. –
- Muy bien, ahora vas a ver de que estoy hecho. –, dijo Marcelo con una sonrisa.

Wesley saco la espada de la vaina y tomó la postura de espadachín. Marcelo por otra parte, corrió hacia él para darle un golpe en la cara. Igual que la primera vez que Marcelo intentó golpear a Wesley, éste desvió el golpe usando su espada.

- Bien, ahora hacelo otra vez hasta que puedas pegarme. –
- ¡Pero es prácticamente imposible!, vos sos mucho más rápido que yo. –
- Bueno, entonces trata de ser más rápido. Vamos, proba de nuevo. –

Así que Marcelo repitió el ataque, con el mismo resultado. Luego otra vez, y otra vez. Trató y trató hasta que no pudo mantenerse en más en pie, estaba agotado.

- ¿Estas bien? –
- Si, jeh jeh, creo que ya di todo de mi. –
- Estuviste muy bien Marce, pero ya está bien por hoy. Vamos a seguir practicando todos los días hasta que puedas golpearme, luego de eso pasaremos a desarrollar tu defensa. Ahora si queres anda a las duchas. –
- Si, tenés razón. –, dijo Marcelo totalmente extenuado.
- Ahora es su turno Srta. Ayelen. –
- Estoy lista, espero que seas buena conmigo. –, dijo Ayelen sonriéndole.
- Por supuesto, no podría hacerlo de otra manera. –, dijo Wesley devolviéndole la sonrisa.
- Bueno, empecemos. –
- Deme su mejor golpe. –

Entrenaron 3 horas seguidas sin parar. Por lo visto, Ayelen tenía mayor resistencia que Marcelo ya que el alcohol ingerido por éste no lo había ayudado mucho que digamos. Co-mo era de esperarse Ayelen no pudo golpear a Wesley ni una vez. Cuando el entrenamiento acabó, todos se fueron a sus respectivos cuartos ya que estaban agotados. Antes de cerrar los ojos, Wesley se dio cuenta de algo muy importante; si no entrenaba bien a sus amigos, corrían el riesgo de perder la vida en el torneo. Con esos pensamientos le costó bastante concebir el sueño.

Capitulo 8
“Retadores de Dojos”

Dos meses transcurrieron desde aquella primera clase del entrenamiento y solamente que-daban dos meses para el comienzo del torneo. En tan solo 30 días, Suar había conseguido todos los permisos necesarios para la realización del torneo, pero todavía quedaba el asunto pendiente de donde se iba a realizar. La elección era obvia; debía hacerse en Buenos Aires, la provincia más importante en cuanto población. Ahora bien, las instalaciones pertinentes debían construirse. Todos los países fueron avisados para que elijan cuatro representantes de cada uno y la forma de elección recaía en cada país, sin importar cual fuere. Esos repre-sentantes iban a pelear unas preliminares para entrar al torneo. Mientras tanto, Wesley había estado entrenando sin descanso a sus amigos, los cuales habían obtenido grandes re-sultados. El Dojo se había convertido en un hogar para ellos ya que pasaban 6 horas del día entrenándose ahí.
Wesley no había vuelto a ver al tal “Takashi”, pero eso no significaba nada. “Nos volvere-mos a ver, Sr. Espadachín, en el torneo de artes marciales”, esas fueron sus palabras y no dudaba de ellas. Además de tener esa preocupación en la cabeza había otra cosa que turba-ba su concentración; la Srta. Ayelen. Por alguna razón no podía sacársela de la mente. En todo caso, esos pensamientos fueron dejados de lado cuando varios individuos interesantes entraron a su Dojo esa fría mañana de Junio. Uno de ellos era oriental y vestía ropa de en-trenamiento. Ayelen había salido con unas amigas y Marcelo se encontraba durmiendo to-davía ya que el entrenamiento del día anterior había sido mucho más duro de lo normal.

- ¿En qué puedo ayudarlo?. –, dijo Wesley en su tono más cortes.
- ¡Hola!, mi nombre es Daisuke. Soy sexto Do en Tae Kwon Do y vengo a retar su Dojo. –
- ¿Sexto Do?, admirable. Si se puede saber, ¿esas personas de allí vienen con usted? –
- No, creo que son otros Retadores. –
- Ah, esta bien, ¿ quiere retar mi Dojo por alguna razon en especial? –
- Mire, no quiero parecer ególatra ni nada de eso pero desde hace ya bastante tiempo que no encuentro un peleador digno para que sea mi contrincante, por eso recorrí ya todos los Dojos de este país y de los países vecinos para encontrar a ese alguien, el cual lamentablemente no encontré todavía. –
- Ha venido al lugar indicado –, dijo Wesley enseñándole una amable sonrisa. – Se enfrentará a mi discípulo Marcelo. Creo que le parecerá un digno oponente. Discúl-peme un momento, voy a buscarlo –, dijo Wesley mientras iba a buscar a Marcelo.
- S-Si, como no. –, dijo el retador un tanto anonadado al ver que el propio maestro del Dojo no iba a enfrentarlo.
- Bueno, aquí esta. Marcelo te presento a Daisuke, el va a ser tu contrincante el día de hoy. –
- Te pedí que me dejaras dormir hoy che, no era mucho pedir. –, refunfuñó Marcelo.
- Es que tenemos visitas, además será muy útil para ver tu progreso. –
- Disculpen, ¿podemos empezar? –, dijo Daisuke impacientándose.
- Muy bien, las reglas son las siguientes; si alguno no puede levantarse en menos de 10 segundos, pierde. Si uno de los dos se rinde, automáticamente se declara ganador a su oponente. Yo voy a ser el Juez. Salúdense. Muy bien, ¡comiencen! –, ordenó Wesley.

El primero en atacar fue el retador. Con una gran velocidad, lanzó el primer puñetazo al rostro de Marcelo. Él simplemente lo esquivó. Daisuke se había movido sorprendentemente rápido, si, pero Marcelo superó esa velocidad para esquivar el golpe en cuestión de segun-dos. Daisuke, al notar que su puñetazo no lo había alcanzado, decidió realizar un ataque sucesivo de golpes y patadas. Marcelo esquivaba y bloqueaba cada uno de esos ataques con una facilidad admirable. Para un tercero, Daisuke parecía un discípulo tratando desespera-damente de golpear a su maestro. Mientras tanto, lo otros retadores observaban estupefac-tos.

- Pensé que me habías dicho que este tipo era fuerte, ¿es una broma esto acaso?. –
- Pedazo de... –, dijo su oponente totalmente enojado y frustrado.
- Respeta a tu contrincante Marcelo. Te explico, esta es la primera vez que peleas co-ntra alguien que no sea ni yo ni la Srta. Ayelen desde hace 2 meses. Lo que pasa es que te volviste mucha más fuerte que los expertos en Tae Kwon Do. –, dijo Wesley desde afuera de la plataforma donde se estaba llevando a cabo la pelea.
- ¿De que están hablando? –, preguntó Daisuke, ya cansado de lanzar golpes en vano. – ¿Me estas diciendo que este tipo no sabe artes marciales? –
- Exactamente. –, dijo Wesley serio.
- Déjenme entender esto, ¿él es muy fuerte solo por que vos lo entrenaste? –
- No, para nada. El ya tenía un nivel muy alto de pelea antes de que yo lo conociera, pero probablemente su nivel no se comparaba con el suyo. Ahora en cambio, la di-ferencia de poderes y habilidades es abrumadora, como usted lo puede apreciar. –
- Ya veo. –, dijo Daisuke con una sonrisa. – Me rindo, he sido completamente derro-tado. Por fin, por fin encontré personas fuertes. –, dijo al mismo tiempo que hacía una reverencia.
- ¿Te rendís?, uh, yo que recién estaba calentando..., es una suerte que haya mas ad-versarios. –
- Muy bien, fue una buena pelea. Sr. Daisuke, si quiere puede quedarse a observar el resto de las peleas desde las gradas. –, dijo Wesley cordialmente.
- Gracias, lo haré –
- ¡Ahora es nuestro turno!, dejame presentarme, me llamo Sebastián. Mis amigos y yo somos fanáticos de las peleas. Vamos Dojo en Dojo para poder practicar. –
- Me parece bien. –, dijo Wesley. –¿Les importa que les pida un favor? –
- ¿Qué queres? –, dijo Sebastián de mala manera.
- ¿Podrían atacar a mi discípulo todos juntos?
- ¿QUÉ?, ¿por qué les pedís eso Wes? –, preguntó Marcelo totalmente sorprendido.
- Ja, me parece perfecto, hace mucho que no peleábamos todos juntos. –, dijo Sebas-tián bastante complacido por la oportunidad que Wesley le estaba dando.
- No puedo creer que quieras que me enfrente yo solo contra 6 oponentes. –
- Esto lo hago por que confío plenamente en vos. Decime, ¿vas a pelear? –
- ¡Obvio!, si me retiro nunca podría perdonármelo. Mira Daisuke, esta pelea va a ser muy divertida. –, dijo Marcelo hacia las gradas donde se encontraba Daisuke.
- Bueno, las reglas son las siguientes... –
- Ya las oímos antes, vamos a empezar. Pobre de vos, te vamos a hacer mierda. –
- Jajaja, es lo más gracioso que oí en mucho tiempo. Atáquenme si pueden. –

Rápidamente, todos sus contrincantes lo rodearon, así cubrían todos los espacios y domina-ban el terreno. Marcelo sabía que no podía confiarse. Estaba esperando a que ellos hiciesen el primer movimiento; al verse superado en numero, uno no podía arriesgarse a pelear des-cuidadamente. Cerró los ojos y recordó su entrenamiento con Wesley: “Cubrirse los ojos y sentir por donde proviene el ataque”. Al ver esto, sus adversarios se rieron. De repente sin-tió un cambio en el viento del lado derecho y abrió los ojos al mismo tiempo que se corría para un costado. Uno de sus contendientes había tratado de golpearlo y había fallado gra-cias a los rápidos movimientos de Marcelo. Al mismo tiempo que se daba cuenta de haber fallado Marcelo ya le estaba propinando un golpe a la espalda que lo dejaba fuera de com-bate. Dos de ellos se enojaron al ver a su compañero caído y atacaron a Marcelo. Al ver esto, él realizó un tremendo salto para luego caer dando una patada. La fuerza del golpe noqueó a uno ellos mientras que el otro golpeaba fuertemente a Marcelo en el rostro. Él simplemente lo miró y limpió de su boca un poco de sangre.

- Eso no es nada, ustedes no se dan una dan una idea de los golpes que tuve que reci-bir por parte de mi querido amigo y maestro Wes. –
- E-Esto es increíble. –, dijo Sebastián con una expresión de asombro – Te vas a arre-pentir por haber lastimado a mis compañeros: ¡ATAQUEN TODOS! –
- Créanme que son ustedes lo que se van a arrepentir –, dijo Wesley.

Solo quedaban 4 contrincantes, los cuales atacaron todos al mismo tiempo a Marcelo. En ese momento, Daisuke observó perplejo como Marcelo se movía a una velocidad sobre-humana. Golpeó al primero y sin dudar un segundo se adelantó y noqueó al segundo. Antes de que el ultimo supiese que hacer Marcelo ya se encontraba enfrente de él propinándole un buen golpe en la cara. El único que quedaba parado ahora, además de Marcelo, era Sebas-tián. Estaba furioso, casi fuera de sí.

- ¡¡¡¡AHORA VAS A VER!!!! –, gritó Sebastián al tiempo que corría dirigiéndose hacia Marcelo para dar un golpe final.
- Te voy a dar un consejo, nunca pelees inundado por tus emociones, eso me lo ense-ñó mi maestro. –, dijo Marcelo al tiempo que tomaba el brazo de Sebastián y utili-zaba fuerza de su contrincante contra él mismo y así vencerlo.
- Muy bien hecho Marce, pasaste la prueba satisfactoriamente. –
- Gracias, esto fue lo más divertido que hice en mucho tiempo. –
- Podes ir a ducharte y después anda a ver el partido, juega Argentina Brasil. –
- ¡Cierto!, bueno, nos vemos más tarde. –, diciendo esto, Marcelo se retiró.
- Sr. Daisuke, ¿qué le pareció el combate? –
- Es increíble. Este no es un Dojo normal ¿no?, siento que ustedes están entrenando para algo grande, no solo para el torneo de artes marciales. –
- Así es. ¿Por casualidad ha sentido cuando alguien tiene muy malas intenciones? –, preguntó Wesley como tratando de explicarle algo.
- Si, hay veces que lo he sentido. –
- Bueno, yo sentí eso en alguien fuerte, muy fuerte, y, además, ese alguien me pareció sumamente peligroso. Dijo que iba a participar en el torneo, así que nosotros entrenamos para derrotarlo. –
- Ya veo. Aun me quedan 2 meses para entrenarme, voy a tratar de entrar al torneo de artes marciales para conocer a ese individuo. Fue un gusto Sr. Wesley –
- Lo mismo digo Sr. Daisuke. –

Wesley vio como Daisuke se retiraba y se dispuso encontrarse con Marcelo para ver el par-tido juntos.

Capitulo 9
“Prueba”

Una semana después de que el Dojo Wesley había vencido a todos su retadores, Ayelen y Marcelo le hicieron una propuesta a Wesley:

- Eu Wes, Aye y yo te queriamos preguntar algo. –
- ¿Qué estan tramando? –
- ¿Qué te parece si nos tomemos unas vacaciones? –, preguntó Ayelen.
- ¿Vacaciones?, ¿pero y el entrenamiento? –, inquirió Wesley un tanto molesto por la propuesta de sus amigos.
- Vamos Wes, hace 2 meses que entrenamos sin parar ni siquiera los fines de semana. Habrá sido un día solo que paramos para arreglar temas legales con Suar. –
- Se que nosotros nos ofrecimos para ayudarte en el torneo pero... –, dijo Ayelen mi-rando con sus grandes ojos a Wesley, el cual no pudo resistirlo.
- Esta bien, pero solamente nos vamos a tomar 3 días, ¿les parece bien? –
- ¡Si!, perfecto, ¿qué les parece ir a Mar del Plata?, podemos usar la casa de mi tío que tiene allá. –
- ¡Joya!, así puedo ir al casino y volver a ver a mis viejos amigos. –, dijo Marcelo.
- Bien, voy a saludar al Sr. Salazar cuando llegue. –
- ¿Salazar?, ¿Quién es ese? –, preguntó curiosa Ayelen.
- Yo te cuento mientras armamos los bolsos y cerramos el Dojo. –, dijo Marcelo con-tento.

Al llegar a Mar del Plata, se instalaron en la casa de Suar. Decidieron aprovechar al máxi-mo esos pocos días de asueto. Marcelo iba al casino a la noche, mientras que Ayelen y Wesley salían a comer afuera. De día iban todos juntos a la playa y a la tarde Marcelo iba a visitar a sus amigos mientras que Wesley y Ayelen paseaban por el centro. Wesley no la había pasado tan bien en toda su vida. El ultimo día, a la mañana temprano, decidieron ir a la playa por ultima vez. Cuando Wesley vio el nuevo bikini de Ayelen, una pequeña gotita de sangre bajo por su nariz y Ayelen se tentó, no podía parar de reírse. Al llegar a la playa grande, Marcelo instaló la sombrilla y Ayelen se puso a tomar sol. Wesley estaba en cueros y ostentaba una malla color marrón. Marcelo fue directamente a bañarse mientras que Wes-ley se quedaba con Ayelen. En la arena reposaba la hermosa espada de Wesley.

- ¿Se puede saber por qué llevas tu espada a todos lados? –, preguntó Ayelen animo-samente.
- Le contestare de la siguiente forma: usted sabe Tae Kwon Do, Marcelo es un pelea-dor callejero profesional, y yo..., yo estoy indefenso sin mi espada. No me gusta sentirme indefenso. –
- Entonces, si no tuvieses tu espada estarías indefenso y yo tendría que protegerte, ja-jajaja, me gustaría verte en esa situación. –, dijo Ayelen divertida.
- Mejor no le quito el ojo a mi espada. –, dijo Wesley sonriéndole.
- Bueno, necesito tostarme la espalda, ¿serias tan amable de pasarme bronceador?, es que yo no llego. –, dijo Ayelen dándose vuelta y mostrándole su espalda.
- Yo..., este..., si, como no. –, dijo Wesley nervioso.
- ¡Te pusiste colorado! –, dijo Ayelen mientras se ruborizaba ella también.
- Bueno yo... –, comenzó a decir Wesley cuando sintió algo raro.
- ¿Interrumpo algo?. –, dijo una voz detrás de Wesley. Al escucharla él tomó su espa-da y la desenvainó.

La persona vestía un típico traje de estudiante japonés color azul, aunque el sujeto no era para nada oriental. Su pelo estaba teñido de un azul claro, algo bastante fuera de lo comun. La mayoría de las personas que estaban en la playa se pararon a verlo, tal como alguna vez lo hicieron con Wesley en aquel bar; demasiado fuera de lugar. Un bañero del lugar se acercó al sujeto y reparó en que cargaba dos espadas. Antes de que pudiese recriminarle algo al individuo, éste desenvainó y dirigió su espada al cuello del bañero. Todos los pre-sentes ahogaron un grito cuando otra espada se interpuso en la trayectoria de la primera evitando el derramamiento de sangre; era la de Wesley.

- ¿Sos un secuaz de Takashi? –, preguntó Wesley al tiempo que observaba como el bañero se alejaba hacia un lugar más seguro.
- ¿Secuaz?, si, podría decirse. Mi nombre es Ankoku. El amo Takashi me encargó encontrarte para medir tu nivel de pelea. Quiere saber como va tu progreso. Mira es-to como una prueba. –
- ¿Prueba? –
- Si. Si no la pasas no sos digno de pelear con mi amo, y te morís. Si la pasas te enfrentaras a mi señor en el torneo, pero créeme, no me vas a ganar. –
- Decile a Takashi que venga el mismo. –
- Eso no será necesario. Conmigo es más que suficiente para vencerte. No quiero que mi amo se ensucie las manos con alguien tan débil. –
- Cuando quieras, estoy listo. –, diciendo esto, Wesley envainó y tomó la postura de espadachín.

Ahora muchas personas observaban de cerca a Wesley y Ankoku, tal vez demasiado cerca. Ayelen notó esto y empezó a gritarles a los curiosos que se alejaran, que podría ser peligro-so. Uno de ellos, un joven musculoso, se le rió en la cara y trató de manosearla. El pobre estaba inconsciente antes de tocar el piso. Nadie hablaba y todos habían tomado una distan-cia prudente luego de la demostración de Ayelen y observaban expectantes los movimien-tos de ambos espadachines. El ataque comenzó. Ankoku, al ser el retador fue el que lo ini-ció. Wesley abrió los ojos sorprendido ya que el movimiento que utilizó para evitar la esto-cada de su adversario no había sido lo suficientemente rápido. Sorprendido, observó como una de las espadas de su oponente se encontraba atravesada en su hombro.

- ¿Ahora te diste cuenta?, no tenes la capacidad de ganarme a mi, mucho menos a mi amo. –, dijo Ankoku al tiempo que retiraba la espada del hombre de Wesley.
- No me voy a rendir, pase lo que pase te voy a ganar. –, dijo colocando su mano en el hombro para evitar desangrarse.
- No tenías posibilidad antes y ahora menos con una herida. –, dijo Ankoku extasiado.
- No te rindas Wesley –, dijo una voz; la de Marcelo.
- ¿Eh? –, masculló Ankoku.
- Yo confío en vos Wesley –, dijo Ayelen llena de emoción.
- “Es verdad, yo no peleo para un triunfo personal, yo peleo por ellos, por mis ami-gos, ellos confían en mi, no puedo perder”. –, susurró Wesley.
- ¿Qué estas diciendo?, ¿ya estas rezando?, te conviene. –
- El que debería estar rezando sos vos, vení, dame tu mejor golpe, pelotudo. –, dijo Wesley sonriéndole de una forma muy especial, una sonrisa de confianza.
- ¿CÓMO ME LLAMASTES?, ¡ahora vas a ver quien es el pelotudo!, ¡AHHH! –, di-jo Ankoku al tiempo que aceleraba hacía Wesley.

Wesley aprovechó que su oponente estaba inundado por sus emociones. Sabía que la única forma de ganar ventaja era haciéndolo enfadar para encontrar sus puntos débiles. En ese instante de ira, Wesley pudo observar claramente en qué consistía la técnica de su adversa-rio. La técnica especial de Ankoku, la cual había utilizado antes para causarle esa herida en el hombro, consistía en avanzar con una velocidad increíble con la espada ya desenvainada para alcanzar con la punta de la misma un punto vital del oponente. Anteriormente, Ankoku se había confiado y por eso eligió el hombro de Wesley como objetivo de su técnica. Al mismo tiempo que Wesley había estado observando su herida, se preguntaba cómo había logrado Ankoku para alcanzar su hombro. La respuesta era obvia; Ankoku era más rápido que él. Pero él tenía oportunidad de ganar. Lo supo ya que los movimientos de su rival se habían vuelto burdos a causa de su ira. Igualmente esa técnica seguía siendo de temer. Si pudiera esquivarla, entonces podría vencerlo de un solo golpe. Era ahora o nunca. El sol estaba sobre él y en ese instante saltó. Ankoku, instintivamente, no le quitó el ojo de enci-ma pero, apenas levantó la mirada el sol lo cegó, solo por unos momentos. Cuando se recu-peró Wesley ya no estaba.

- Decile a tu amo que la próxima vez venga él. –, dijo Wesley, el cual se encontraba detrás de su oponente. –
- ¡AHORA VAS A...! –, inconclusa quedó la frase ya que Wesley le aplicó un golpe tan fuerte que lo dejo inconsciente antes de que intentase contraatacar. –
- Wesley, ¿estas bien? –, preguntó Marcelo.
- Creo que si, tengo que detener el sangrado. –
- Ya llamé una ambulancia, ¿es muy grave? –, preguntó nerviosa Ayelen.
- Viviré. –, contestó Wesley con una sonrisa.
- Déjenme discrepar. Capaz vivas ahora, pero no por mucho tiempo. –, dijo un indi-viduo que vestía igual que Ankoku, al cual ahora lo estaba cargando.
- ¿Otro más?, ¿qué no se cansan de molestar?, ahora vas a ver, me toca a mi. –, dijo Marcelo al tiempo que se disponía a atacarlo.
- No es necesario seguir con esto, Wesley ya pasó la prueba. –, dijo su contrincante.

A Marcelo no le importó las palabras y lo atacó. Sosteniendo a Ankoku, su adversario pudo detener la mayoría de los golpes. Al verse superado, Marcelo arrojó su golpe más poderoso, el cual impactó en el rostro de su rival.

- Estoy impresionado, no sabía que tus amigos fuesen tan fuertes. –, dijo el individuo mientras se limpiaba la sangre de la cara. – Estoy ansioso de que empiece el torneo de artes marciales. Bueno, capaz peque de falta de originalidad con esta salida, pero bueno, los clásicos siempre son bien vistos. –

Diciendo esto, el sujeto arrojó una especie de bolita negra al suelo, la cual comenzó a largar un humo negro. Cuando el humo se disipó, Ankoku y su compañero ya no estaban

- Pedazo de..., no puedo creer que mi golpe no le hizo nada. –
- Tranquilo Marce, todavía nos quedan 2 meses de entrenamiento, te aseguro que vas a llegar a estar al nivel de Ankoku y el otro. –, dijo Wesley, el cual se apoyaba en Ayelen para poder estar parado.
- No puedo creer que no sepamos nada de ellos. –, dijo Ayelen. – ¿Qué no hay nada que podamos a hacer? –
- Si, hay algo. –, dijo Wesley mirando fijo hacía el lugar donde Ankoku había desapa-recido; la bolita negra seguía ahí.

Capitulo 10
“Empresas MIRAI”

Wesley fue atendido de inmediato, la herida no era tan grave y Wesley se recuperaba mu-cho más rápido que las personas comunes. Estaba ahora descansando cómodamente en una habitación del hospital, cuando Ayelen, Marcelo y el doctor entraron.

- Hola Wes, ¿cómo te sentís? –, preguntó Marcelo preocupado.
- Bastante bien, no te preocupes. –
- Sr. Wesley, tengo que decirle que me sorprende su recuperación. Parece ser que su cuerpo se está curando un 50% más rápido que el de los demás. –, dijo sorprendido el doctor mientras miraba el historial de Wesley.
- ¿Qué puedo decir?, debo tener un gran sistema inmunológico. –, dijo Wesley son-riéndole.
- En todo caso, pienso darle de alta hoy mismo. –
- ¡Que buena noticia, ¿no Wesley?! –, dijo Ayelen contenta.
- Si, es una buena noticia. Marce, ¿hablaste con el Sr. Salazar? –
- Si, ya están en eso. Le di la bolita negra y le expliqué lo que pasó. Ya se puso en marcha la investigación. Carlos tiene tu numero de celular para llamarte apenas des-cubran algo.
- Nunca les dije... –
- Wesley, ¿qué pasa? –, dijo preocupada Ayelen.
- Nunca les dije gracias. –, dijo sonriendo Wesley. – Nunca les dije gracias por haber estado ahí conmigo. Si no hubiesen estado ahí para alentarme no creo que hubiese podido ganarle a Ankoku, por eso, muchas gracias. –
- ¡Wesley! –, exclamó Ayelen mientras lo abrazaba.
- Te pusiste sentimental amigo Wes. Peor no te preocupes, para eso son los amigos, no nos tenés que agradecer nada.
- Bueno jóvenes, ya pueden ir ayudando a su amigo a levantarse, ya está totalmente recuperado y no hay necesidad de que permanezca en el hospital. –, dijo el médico.
- Si, gracias por todo ¿doctor...? –
- Salazar. –
- ¿Salazar?, ¿sos familiar de Carlos por casualidad? – preguntó Marcelo sorprendido
- Tengo un primo que se llama Carlos si. Es policía acá en Mar del Plata.
- Increíble. Nosotros lo conocemos, es amigo nuestro. –, dijo Marcelo.
- Ah, que bien. Si lo ven a Carlos díganle que me debe 20 pesos por el partido de Ri-ver y Boca del otro día. –, dijo sonriendo el doctor.
- Gracias por todos los cuidados Dr. Salazar. –, dijo Wesley
- Por nada. Un gusto haberlo conocido Sr. Wesley. Hasta luego.

Mientras salían, Ayelen hablaba por teléfono con su tío para contarles las novedades. Ya en la puerta del hospital, el celular de Wesley sonó.

- ¿Hola? –
- Hola Wesley, habla Carlos Salazar –
- Sr. Salazar, es un gusto escuchar su voz nuevamente, perdóneme que no lo fui a vi-sitar, usted sabe lo que pasó... –
- No te preocupes, te llamaba por lo del artefacto que me entregó Marcelo. –
- ¿Si? –
- Parece ser que la única empresa que tiene conocimiento acerca de un artilugio de es-tas características es una empresa japonesa llamada “Mirai”. La misma tiene los diagramas pero no los producen en serie. Lo que estoy tratando de decir es que los clientes tienen que ser muy especiales para comprar ese artefacto. Lamentablemen-te, no quisieron darme más información, y como nadie salió herido por el uso del dispositivo, estoy atado de manos. En fin, si queres más información, la filial argen-tina de esta empresa esta ubicada en el centro de la provincia de Buenos Aires.
- Muchísimas gracias por la información Sr. Salazar. –
- No, de nada. Eso si, trata de no meterte en problemas. –
- Trataré. Gracias por todo. Ah, tu primo dice que le debes 20 pesos por una apuesta. –
- Ah, cierto que fuiste al hospital donde trabaja él. Que casualidad que los atendió mi primo. Bueno, gracias por el mensaje. Chau Wesley –
- Hasta luego Sargento. –
- “Mirai ¿eh?. Creo que es hora de tomar la iniciativa”, pensó Wesley al tiempo que apagaba el celular y le explicaba a Marcelo lo sucedido.

Mientras tanto, en las oficinas de canal 13 Suar estaba cada vez más preocupado. Las noti-cias que su sobrina le había dado daba a entender que todo esto ya se tornaba demasiado arriesgado. Igual, no podía hondar más en el asunto, todo estaba en marcha y no había vuel-ta a atrás. Papeles se habían firmado y acuerdos se habían pactado. Se paró y observó la hermosa vista que daba la mampara de su edificio. Igualmente, ganase quien ganase el tor-neo, el tendría la exclusividad de transmisión para toda la republica Argentina. Recuperaría la inversión. ¿Pero se trataba eso de dinero?. Las palabras de Ayelen lo habían perturbado. Existía alguien más fuerte que Wesley, si. Pero su sobrina le dijo que sintió que esa persona era mala. Estuvo a punto de desestimar eso, pero luego recordó su primer encuentro con Wesley; un segundo antes de que Wesley aplicase su técnica especial, él mismo sintió las intenciones de Wesley; no eran malas. Su sobrina había pasado por un riguroso entrena-miento y había podido sentir, sin lugar a dudas, las malas intenciones de aquel contrincante de Wesley.

- Sr. Suar, llamada del Sr. Wesley. –, dijo una voz por el intercomunicador. Suar apretó un botón y habló. –
- Pásemela por favor –
- Buenas tardes Sr. Suar. –
- Wesley, ¿cómo estas de tu herida? –
- Ya me dieron de alta, gracias por preocuparse. –
- ¿En que te puedo ayudar? –
- Su sobrina le habrá dado los detalles de lo ocurrido. –
- Si, si. Le dieron la bolita esa al sargento para que la investigue, ¿no? –
- Así es. Parece ser que quien la produce es una empresa japonesa de electrónica lla-mada “Mirai”. –
- ¿“Mirai”?, la conozco, tengo negocios con ella. Ya pagó para que pasemos sus pro-pagandas mientras transmitimos el torneo. –
- ¿Ah, si?, entonces necesito pedirle un favor.

Apenas llegaron a Buenos Aires, Marcelo, Ayelen y Wesley se reunieron con Adrián Suar para armar un plan.

- Eso que me pedís es muy arriesgado. –, dijo Suar nervioso.
- No se lo pediría si no fuese importante Sr. Suar. –, contestó Wesley
- ¿Vos queres que los haga pasar a vos y mi sobrina como supervisores del canal para que se infiltren en la Corporación “Mirai” y descubran quienes son los clientes que compraron la bolita esa?, ¡puedo ir a la cárcel por eso! –
- Yo sigo pensando por que no puedo ir con ustedes. –, decía Marcelo enojado.
- No sigas con eso Marcelo, te va a costar mucho hacerte pasar por supervisor. –, dijo Ayelen.
- ¡Todavía no les di el si!, no sigan con eso. –, dijo Suar frustrado.
- ¡Pero tío!, tenemos que descubrir quienes son las personas que están atrás de Wes-ley –
- Sigue siendo muy arriesgado... –
- Muy bien, lo voy a tener que hacer solo entonces. –, dijo Wesley decidido.
- Si Wesley va, yo voy. –, dijo Ayelen.
- Dios..., bueno, esta bien, hagan lo que quieran. Voy a ayudarlos, solo por que sé que si los descubren nadie los va a poder ayudar. –
- Gracias, disculpe que lo ponga en esta situación. –
- Esta bien, no te hagas problemas, entiendo la seriedad del asunto y a mi no me gus-taría que estén amenazando mi vida. –

Vestía ahora Wesley una camisa blanca con una corbata negra y un saco y pantalón de ves-tir del mismo color. Llevaba además un maletín gris de considerable tamaño y un pase con su nombre enganchado en el traje. A su lado, Ayelen vestía un traje de ejecutiva color gris. Ambos estaban en la entrada de uno de los edificios más altos e imponentes del centro de la provincia de Buenos Aires.

- ¿Esta lista? –
- No te preocupes, entremos.

El hall era excesivamente grande. En el centro estaba la recepcionista.

- Venimos a ver al Sr. Fujimi. –
- Un momento por favor. ¿Tienen cita?
- Por supuesto, soy el Sr. Smith. –
- Si señor, el Sr. Fujimi los verá ahora.

Subieron al acensor y 5 minutos despues, ambos se encontraban en la oficina de Fujimi.

- Ah, Sr. Smith, el Sr. Suar me dijo que vendría. ¿Desea tomar un té? –
- No, gracias. –
- ¿Su colega tal vez? –
- Si, muchas gracias. –
- Ah, el té es lo mejor de mi pais, ademas de los autos y los componentes electróncos, ¿no lo cree? –
- Si, creo lo mismo. –
- Por su apellido puedo apreciar que no es Argentino, aunque habla muy bien el espa-ñol. “Did you study in this country?” –
- Yes, indeed. I studied both in England and Argentina. But please, can we talk in Spanish?, I don’t want my colleague to feel bad. She doesn’t know the language. –, contestó Wesley, al tiempo que agradecía a Dios saber ingles.
- Lo entiendo, ahora hablemos de negocios. ¿qué es lo que necesitan supervisar? –
- Queremos saber cuales son todos los rubros que su empresa trabaja. –, dijo Ayelen.
- ¿Alguna razón en particular para querer saber eso? –
- Nuestra canal sigue mucho el desarrollo de las empresas que publicitamos. No que-remos publicitar, por ejemplo, a Mc Donald’s cuando ésta tiene problemas judicia-les. –, dijo Wesley de memoria.
- Ya veo. Créame que mi empresa es honorable. No estamos atravesando problemas judiciales de ningún tipo. –, dijo confiado Fujimi.
- Nos llegó un reporte de una ciudad costera de este pais. Dice que uno de sus pro-ductos estuvo involucrado en una situación donde hubo heridos. –, dijo Ayelen.
- ¿Qué clase de producto? –
- El denunciante afirma que se trataba de una especie de esfera que soltaba una sus-tancia toxica en forma gaseosa. –, dijo Ayelen cortante.
- Una bolita que larga humo. En ella se encontraba el símbolo de su empresa. –, dijo Wesley para darle énfasis al discurso de Ayelen.
- Ya veo. Me temo que no puedo darles ninguna información. Es clasificado. –
- Pero Sr. Fujimi, representamos los intereses del Sr. Suar, no podemos cruzarnos de brazos y aceptar eso. –, dijo Ayelen.
- Lo único que les puedo decir es que ese producto se desarrolla en nuestra casa ma-triz en Japón. Hay una posibilidad en cientos de millones de que alguien vuelva a utilizar ese artefacto en este pais, asi que no deben de preocuparse. Ahora si me dis-culpan, tengo otras reuniones asi que debo dar por terminada esta charla.

Antes de llegar a la salida, Wesley abrazó a Ayelen. Antes de que ella pudiese decir algo, Wesley dijo: “RYU KIRI SEN”, y antes de que el empleado de seguridad pudiese decir algo, ambos habian desaparecido.

- ¿Cómo...? –
- Es lo menos que importa ahora. Mientras íbamos a la oficina de Fujimi, pude obser-var unas oficinas libres con computadores. ¿Sos capaz de hackearla para obtener los datos? –

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